Hace pocos días, el Ministerio de Cultura de España anunció que reservará el 35% de su presupuesto para ayudas a la producción cinematográfica para aquellas películas que estén dirigidas, producidas o escritas por mujeres. De esta forma se pretende favorecer la incorporación de mujeres a los puestos creativos de la industria de cara a 2025.

Existe una respuesta prácticamente sistemática de una parte de la gente (muchas veces, ni siquera interesados en el cine) cada vez que se anuncia una medida de estas características: en primer lugar, se pone el grito en el cielo porque el cine español “lo estamos pagando todos”, en una consideración del cine únicamente industrial y no cultural; en segundo lugar, parece un insulto tanto para mujeres como para hombres (según ellos mismos dicen) que se busque la paridad de esta manera.

La cuestión, por tanto, es la siguiente: ¿Hacen falta verdaderamente este tipo de ayudas? ¿Hay que fomentar el cine hecho por mujeres? ¿Por qué el libre mercado ha regulado hacia un lado y no hacia el otro?

La situación de las mujeres del cine

En primer lugar, vamos a lanzar unos datos que den algo de contexto.

No hace falta irse más allá de la noticia que he enlazado para comprobar la situación actual en España: “en producción los hombres ocupaban el 74 por ciento de los puestos; en dirección el 88 por ciento (91 por ciento al hablar sólo de largometrajes de ficción); en guion el 87 por ciento; en composición musical el 96 por ciento; en dirección de fotografía el 93 por ciento; en montaje el 80 por ciento; responsable de sonido el 93 por ciento; y efectos especiales el 99 por ciento.”

Los grandes premios de la industria del cine, como bien sabéis, son los Oscar. En este caso no importa tanto la validez en términos de calidad de los galardones, sino su repercusión mediática y capacidad para visibilizar obras y autores. En total, en sus más de 90 años de existencia, únicamente han sido 5 mujeres nominadas* a la categoría de mejor directora, y una única ganadora. Ninguna mujer fue nominada a Mejor Dirección hasta 1976 (Lina Wertmüller, por Seven Beauties), y hubo que esperar hasta 2010 para que Kathryn Bigelow ganase el primer premio en dicha categoría por En Tierra Hostil. Desde entonces, ninguna mujer lo ha vuelto a ganar, y esta pasada edición ha sido muy sonada la ausencia de directoras nominadas a la estatuilla.

Katheryn Bigelow tras ganar su Oscar por En Tierra Hostil

Ninguna mujer fue nominada a Mejor Dirección de Fotografía (otro de los puestos de mayor responsabilidad durante el rodaje) hasta 2018, cuando Rachel Morrison lo consiguió por Mudbond, la película producida por Netflix.

Por otra parte, aunque el porcentaje de personajes femeninos en el cine ha aumentado en los últimos años (27% en 2002, 37% en 2018 según Statista), todavía sigue siendo claramente inferior a los papeles masculinos, que además acostumbran a ser los protagonistas.

En 2018, la distribución de cargos de las mujeres tras las cámaras en Hollywood muestra claramente cómo los puestos creativos más importantes (dirección, fotografía y guion) son los menos ocupados por mujeres (Figura 1).

Figura 1. Porcentaje de cargos ocupados por las mujeres en producciones de Hollywood en 2018. Fuente: Statista, 2020.

Y la evolución en las dos últimas décadas de mujeres directoras en Hollywood (Figura 2) muestra más bien un estancamiento, si acaso una ligerísima tendencia al alza.

Figura 2. Evolución del porcentaje de mujeres a cargo de la dirección de películas en Hollywood entre 1998 y 2018. Fuente: Statista.

Una pequeña exploración de los datos hace evidente que el número de mujeres que ocupa cargos creativos o decisivos en el cine es claramente inferior al de los hombres. Conviene explorar las causas de esta situación, no para justificarla sino para tratar de comprender aquellas y así permitir no volver a cometer los mismos errores en el futuro.

El primer argumento a favor de esta situación, por muy arcaico que pueda parecer, es que este es el estado natural del cine. Es decir, las mujeres por cuestiones biológicas y/o culturales tienen menor interés en el cine y/o menores capacidades para asumir labores de liderazgo y creativas. Este argumento, además de ser repudiable, ha sido desmontado por diversas disciplinas: por la propia Historia del cine, del que las mujeres fueron pioneras (como más tarde veremos); por las ciencias naturales, que llevan décadas investigando las diferencias en las capacidades creativas de mujeres y hombres; y por las diversas ciencias sociales, que han explorado la naturaleza de las disparidades culturales como resultado de una casuística compleja que va mucho más allá de la mera diferencia genética, que siempre se utiliza como solución categórica y simple cuando no se tiene mayor capacidad de respuesta. No conviene dedicarle mucho más tiempo a este argumento, pero sí que persiste de manera subconsciente cuando se habla de las mujeres como inclinadas hacia unas u otras disciplinas; aunque así fuese (lo cuál es más que dudoso), esas sutiles diferencias “naturales” son incapaces de explicar las enormes diferencias que existen en determinadas industrias culturales.

Por tanto, conviene explorar la cuestión de manera más tangencial y tratar de dar una respuesta más sintética. En primer lugar, debemos preguntarnos: ¿La situación siempre ha sido la misma? ¿Las mujeres siempre han dirigido proporcionalmente tan pocas películas?

Historia de las mujeres tras la cámara

Lo cierto es que en los inicios de la historia del cine la situación era muy diferente. Como cualquier arte e industria en alza, el cine en sus inicios no estaba demasiado bien considerado. En los años 10 y 20 todavía hablamos de una industria pequeña, que tenía sus cunas en los países escandinavos, Alemania, Francia y una incipiente Hollywood. Quienes se ponían al frente de los proyectos pocas veces conseguían demasiado poder y rédito económicos. El cine comenzó como una invención tecnológica que servía para retratar pequeñas escenas de la vida cotidiana, y en las décadas posteriores comenzó a incorporar narrativa. En cualquier caso, los primeros cineastas-autores más bien eran descubridores de una nueva gramática artística antes que poderosos empresarios y creativos. Los trabajadores del cine de antes de los años 20, antes que Hollywood explotase tal y como lo conocemos, eran mayoritariamente “mujeres, inmigrantes y judíos, gente que no era aceptada en otras profesiones”, afirma la historiadora Cari Beauchamp en The Story of Film: An Oddyssey (Mark Cousins, 2011). “Hollywood se convirtió en un imán de gente con muchas ganas […] La mayor parte de las películas anteriores a 1925 fueron escritas por mujeres, lo que demuestra lo a gusto que estaban en esta profesión”. En este mismo documental se hace referencia a Alice Guy-Blaché, probablemente la primera directora y jefa de estudio, cuya contribución al cine es fundamental, al ser la primera en realizar una película con un arco argumental. Hasta entonces, el cine se basaba en pequeñas escenas aisladas; Alice Guy-Blaché dio un paso de gigante al llevar las historias de ficción al cine.

Y no fue la única. Lois Weber fue la primera mujer en dirigir un largometraje (en 1914, El Mercader de Venecia). Fue una de las directoras más innovadoras, trabajando a cargo de Universal (y siendo la mejor pagada del estudio). Weber ya incorporaba en sus películas la pantalla partida y el montaje paralelo. El legendario John Ford fue su ayudante de dirección antes de dirigir sus propios largometrajes.

Alice Guy-Blaché en el set de rodaje.

Frances Marion fue la guionista mejor pagada entre 1915 y 1935, incluyendo a los hombres. Ganó dos Oscar como guionista. Su carrera fue bastante dilatada y escribió películas de todos los géneros posibles: boxeo, dramas carcelarios, suspense… June Mathis, Anita Loos, Bess Meredyth, Adela Rogers… La cantidad de guionistas de élite de aquella época hace patente varias cosas: en primer lugar, que las mujeres fueron fundamentales en la escritura de las primeras grandes películas de Hollywood; en segundo lugar, que escribían sobre cualquier género, y no exclusivamente sobre melodramas, como en muchos casos todavía se piensa.

Con el asentamiento del Hollywood asociado al estrellato, se produjo un cambio en la situación de las mujeres en la industria: cada vez menos directoras, guionistas y productoras a la cabeza de las películas, y la presencia de las mujeres se vio relegada a la actuación (y, en muchos casos, el montaje). ¿Pero por qué este cambio y en ese momento? La respuesta podría bastante sencilla: la industria multimillonaria surgió y, con ello, posiciones de poder que ocupar y dinero que ganar (valga la redundancia). La industria comenzó a ser controlada por los hombres, muchos de los cuáles antes la desdeñaban, y los principales puestos de poder económico fueron copados por ellos. Mientras el cine se mantenía como un arte nuevo y por sembrar, muchos empresarios no tenían interés en él, pero cuando comenzó a abrirse un nicho económico importante fue automáticamente ocupado por los que siempre ocupan todo.

La historia de una estructura claramente patriarcal en la creación cinematográfica desde entonces hasta la actualidad es evidente. No hace falta más que ver los datos que mencionábamos al principio y las muchas dificultades que encuentran las mujeres para escalar posiciones como directoras u operadoras influyentes.

La mecha prendida: el caso Weinstein

La extensión más lamentable y fehaciente de esta estructura de poder patriarcal son los abusos laborales y sexuales que muchos ejecutivos de la industria llevan perpetrando décadas en la oscuridad. El caso más conocido y significativo es el de Harvey Weinstein, uno de los productores más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Harvey Weinstein, junto a su hermano Bob y tras dar unos pasos empresariales muy fructíferos en su juventud, fundó MIRAMAX en 1979, una empresa que en poco tiempo se convirtió en la vanguardia de la producción cinematográfica independiente. Weinstein se convirtió en un cazatalentos, y algunos de los grandes directores que surgieron en los 80 y los 90 estuvieron bajo su paragüas empresarial, y poco a poco fueron atrayendo las producciones de otros directores veteranos. Así, Weinstein ha producido películas de Tarantino, Scorsese o Robert Rodríguez.

MIRAMAX no tardó demasiado tiempo en ser adquirida por Disney (aún manteniendo su independencia) y Weinstein se convirtió en una persona terriblemente poderosa dentro de la industria. Ha sido muy comentada su capacidad para influir en los Oscar con sus producciones: El Paciente Inglés ganó en 1997, Shakespeare in Love le quitó la estatuilla a Salvar el Soldado Ryan en 1999, etc. También han sido muy comentados sus métodos: Weinstein y su equipo funcionaban como un lobby, de manera que presionaban a jurados y descalificaban a otros competidores a fin de conseguir los galardones. Pese a ello (o por ello) pasó a ser una persona con amplio reconocimiento público y académico: era continuamente mencionado en los agradecimientos de los Oscar, y fue nombrado Caballero de la Legión de Honor de Francia, Comandante de la Orden del Imperio Británico y recibió un título honorifico por la Universidad de Búfalo (donde fundó MIRAMAX). En 2005, él y su hermano fundaron The Weinstein Company.

Ashley Judd fue una de las primeras en acusar a Harvey Weinstein de abuso sexual.

Cuando Harvey Weinstein era poderoso y parecía intocable, empezaron a destaparse las atrocidades que había estado cometiendo desde hacía décadas. De forma velada y entre bambalinas siempre se había comentado que los métodos y actitudes de Weinstein habían sido vejatorios para las mujeres, aunque su posición de poder había actuado como dique de contención para destapar sus crímenes. En un principio, fueron varias indirectas ácidas que se hicieron en público contra su persona y sus métodos, pero ninguna de ellas supuso una bomba mediática. El asunto fue un paso más allá cuando, en 2015, The New York Times publicó una noticia que revelaba que Weinstein estaba siendo interrogado por haber acosado a Ambra Gutierrez, una joven modelo italiana. En lo que pareció ser una respuesta estratégica por parte de Weinstein, el fiscal del distrito no presentó cargos contra el empresario y muchos periódicos sensacionalistas atacaron a Gutierrez y la acusaron de impostora.

El caso Weinstein acabó de explotar con las acusaciones de numerosas actrices por acoso sexual, publicadas por The New York Times en 2017. Entre ellas, Ashley Judd, que ya había tuiteado en 2015 que había recibido acoso por parte de un magnate, pero sin mencionar quién. Los casos se contaron por docenas. Hablamos de muchas mujeres (actrices y trabajadoras de Miramax) que se habían visto silenciadas y maniatadas durante décadas por el enorme poder que Weinstein podía ejercer en sus carreras. La voz de unas pocas dio alas al resto, y una cascada de mujeres acusaron ejecutivo de acosador y violador. Es posible consultar en Wikipedia una página donde se lista a las mujeres que acusaron a Weinstein de esto mismo (aquí).

Weinstein fue despedido pocos días después de The Weinstein Company, la compañía que él mismo fundó, y que no tardó más de cinco meses en quebrar.

Y, a partir de aquí, surgió la respuesta de las invisibles: el movimiento #MeToo.

#MeToo: la explosión de las invisibles

Poco después de salir a la luz la noticia anterior, se inició un movimiento en redes sociales con el hashtag #MeToo para denunciar los hechos. Fue la actriz Alyssa Milano la que pidió al resto de mujeres que tuitearan sus experiencias machistas en un ejercicio de visibilización de la problemática. En dicho hashtag hubo desde usuarias anónimas de Twitter hasta celebridades que destaparon casos claros de cómo la estructura patriarcal de la industria del cine y el entretenimiento es un monstruo que había permanecido escondido bajo la cama. Muchas de las víctimas de Weinstein habían sido pagadas o presionadas para que no contasen la verdad, pero la efervescente sororidad que se vivió en aquel octubre de 2017 sirvió para destapar las vergüenzas del lado más oscuro de Hollywood.

Lo que comenzó siendo un movimiento en redes sociales terminó en las calles, los parlamentos y las galas de premios. Se multiplicaron las mujeres que contaron sus experiencias de acoso sexual dentro y fuera de la industria, señalando a su vez a otros hombres poderosos.

Hasta tal punto fue relevante el MeToo que las siguientes manifestaciones llevadas a cabo por el Día de la Mujer, el 8 de Marzo de 2018, fueron históricas a lo largo del mundo por capacidad de convocatoria y la fuerza y relevancia de sus consignas.

El MeToo es por tanto parte e impulsor de un movimiento feminista mayor que se ha asentado con fuerza para reivindicar la visibilización de la mujer en una estructura patriarcal opresora a lo largo de siglos de Historia. Hasta dónde llegará el movimiento en la industria del cine es difícil de decir, aunque parece que se están empezando a poner los primeros cimientos para que las mujeres encuentren su hueco en la industria. La forma humilde que tendrá un servidor de aportar un grano de arena será mencionar aquellas mujeres que están trabajando actualmente como directoras ofreciéndonos obras y miradas propias e interesantes. Porque las hay. Y cada vez más.

Grandes películas, grandes directoras

Aunque la presión del sistema patriarcal preponderante en la producción cinematográfica haya puesto palos en las ruedas a cualquier intento de las autoras de verter su visión del mundo, lo cierto es que muchas de ellas han conseguido hacerse un hueco y sacar adelante algunas de las películas más interesantes de la historia del cine. Aquí voy a mencionar de un puñado de autoras y sus obras; perdonad si no les dedico demasiado espacio a cada una de ellas, que bien merecerían un texto propio. Al menos, que sirva como ejemplo de que existen y han existido una sarta de mujeres que se han puesto tras las cámaras para ofrecernos su mirada más personal.

Podríamos empezar antes, pero empecemos nombrando a Agnès Varda, la “abuela de Nouvelle Vague”, un movimiento vanguardista de cineastas franceses que pretendían romper con las formas y las historias que en los 60 dominaban el cine francés, que consideraban estancado y excesivamente literario. Varda fue una de las cineastas más revolucionarias y que más aportaron a la gramática visual del cine a través de las formas y el montaje. Suya es Cleo de 5 a 7 (1961), una de sus primeras películas, y que puede servir como entrada a su interesantísima filmografía.

Ya hemos mencionado a Katheryn Bigelow como la primera directora en ganar un Oscar, pero antes de ese evento había sido una autora fundamental en los 80 y 90, con películas como Los viajeros de la noche (1987), Le llaman Bodhi (1991) o Días extraños (1995). La conocida actriz Barbra Streisand escribió y dirigió Yentl (1983), un magnífico musical que ella misma protagonizó. La filmografía de la neozelandesa Jane Campion cuenta con muchos dramas de época excelentes, como El Piano (1993), Retrato de una dama (1996) o Bright Star (2009). Sofia Coppola, la hija del director de El Padrino o Apocalypse Now, ha dejado algunas joyas de naturaleza intimista y con una factura técnica sensacional, como son Las vírgenes suicidas (1999) o Lost in Translation (2003). Naomi Kawase es de las pocas cineastas japonesas que se han hecho visibles a nivel internacional, estando muy presente en festivales como Cannes con películas como Una pastelería en Tokio (2015) o Hacia la luz (2017). La australiana Jennifer Kent nos ofreció una obra de terror interesantísima como The Babadook (2014). Lynne Ramsay es una de las cineastas más extravagantes del panorama internacional, como demostró en Tenemos que hablar de Kevin (2011), un relato amargo y violento sobre la maternidad y la soledad, y You Were Really Never Here (2017), la obra protagonizada por Joaquin Phoenix en la que vuelve a hacer uso de la violencia visual y textual más extrema. Por supuesto, Greta Gerwig está en alza tras ofrecer Lady Bird (2017) y la particular Mujercitas (2019). O Celine Sciamma, tras firmar Retrato de una mujer en llamas (2019) y Tomboy (2013).

Otra buena noticia es que a las grandes producciones hollywoodienses se empiezan a sumar mujeres, como Cathy Yan en la dirección de Aves de Presa (2020), Patty Jenkins y Wonder Woman (2017), Laure de Clermont-Tonnerre y The Mustang (sin fecha), etc.

Y, por supuesto, hay muchas más. Muchas mujeres están trabajando en el cine independiente y de estudio: Claire Denis, Kelly Reichardt, Coralie Fargeat, Ana Lily Amirpour, Mia Hansen-Løve, Karyn Kusama, Carla Simón… Yo no conozco ni puedo mencionar a todas; buscadlas, interesaos por su cine, y démosles entre todos la relevancia que llevan décadas mereciéndose.


Por mucho que, por los motivos que hemos expuesto, las mujeres sean menos que los hombres en números y visibilidad, siguen siendo muchas y su obra no puede ser despreciada. El MeToo y los esfuerzos que ellas mismas están haciendo para visibilizar su trabajo nos da ciertas esperanzas para el futuro. Empezamos a entender las causas que han llevado a la situación actual y existe un fuerte movimiento feminista; se están poniendo los primeros cimientos para conseguir que la igualdad de oportunidades en la industria cinematográfica sea una realidad. Queda mucho por andar y muchas batallas que luchar, y habrá muchos enemigos en contra intentando no perder sus privilegios, pero el espacio se está abriendo cada vez más y con un plan bien trazado la realidad puede tornarse más igualitaria en las próximas décadas.


*Nominadas al Oscar a Mejor Dirección:

  • Lina Wermüller: Seven Beauties, en 1976
  • Jane Campion: The Piano, 1993.
  • Sofia Coppola: Lost in Translation, 2004.
  • Kathryn Bigelow: En Tierra Hostil, 2010.
  • Greta Gerwig: Lady Bird, 2018.

Espada y Pluma te necesita


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