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Estoy seguro de que habéis escuchado hasta la saciedad aquello de tener “mentalidad de tiburón”. Hace ya tiempo que se descubrió el hecho de que los tiburones pueden tener diferentes personalidades, por lo que no sé si esos humanoides, con complejo de pez cartilaginoso incluido, tienen muy claro cuál es su mentalidad. Lo que deberían tener presente es que ese animal no es el depredador que seguramente creen, y entre otras cosas es la dieta favorita de las orcas, un delfín bastante bonito, según mi juicio estético oceánico. A veces las apariencias engañan, y más aún si es una marioneta con aspecto de tiburón quien viene a robarnos la casa. Esto es lo que le ocurre a Krill, el pobre cangrejo ermitaño que protagoniza la historia que han decidido contar los desalmados desarrolladores de Aggro Crab.

Y es que, técnicamente, durante toda la partida dispondremos de un tenedor como única arma principal. Esta es una de las muchas simplificaciones que construyen la base sobre la que Aggo Crab ha desarrollado un juego con espíritu de aventura. Cuando el tiburón de mentira le roba a Krill su concha, en cierto modo le está robando todo lo que tiene. El motivo de la usurpación es que debería haber pagado los impuestos, pero nuestro cangrejo siente que vive alejado de la sociedad oceánica, y eso debería exentarle de tales obligaciones. Si la base jugable es la de un ‘soulslike’ orientado hacia la aventura, el guion es una comedia con críticas sociales agudas y reflexiones que, si bien no aleccionan a nadie, dejan constantes ideas que van entrelazándose y es imposible entender la historia sin ellas.

Con la espalda libre de carga, Krill podrá ir haciendo uso de la basura que se encuentre, como un gran coleccionista de caparazones. Sirven para mitigar el daño recibido, pero también dan una habilidad especial cada uno. Todo el mundo sabe que no es lo mismo llevar a la espalda una lata de refresco, un vaso de chupitos o una caja de pañuelos. Dichos ataques requieren lo que es a todos los efectos maná, que además también nos permite realizar otros ataques aún más especiales llamados adaptaciones y que podremos ir desbloqueando a medida que llegamos a ciertos puntos de la partida. El repertorio ofensivo, aunque las habilidades pueden ser defensivas, se completa con un árbol de mejoras, y eventualmente con el uso de un gancho. A todo esto le acompaña la esquiva de rigor y un salto que dará pequeños momentos de plataformeo. Puede no parecerlo al principio, más que nada por su simpleza, pero los combates y la exploración pueden llegar a ser muy ágiles y dinámicos.

Aunque la ambientación sea más bien veraniega, los escenarios van añadiendo cambios temáticos que acompañan a los eventos, dan una coherencia ficticia a ese universo acuático, y en última instancia hacen mucho más disfrutable el avance de la historia. Si alguien echaba en falta un aroma más medieval europeo, no sólo encontrará caballeros andantes, sino un mapa inspirado en el arte de la época. A riesgo de alejarse más aún del género, se nos ofrece una buena cantidad de opciones para facilitar la partida. Podemos evitar el daño por caídas y trampas, evitar perder al morir los valiosos microplásticos que hemos recogido en el fondo del mar, o incluso recurrir a una pistola que Krill usará sin ningún reparo para reestructurar la cadena alimenticia oceánica. Sin penalizaciones ni desventajas, el juego nos invita a que personalicemos la dificultad a nuestro gusto. Si no lo hacemos, cabe decir que el viaje no será fácil.

Hay diferentes lecturas sobre la existencia de un juego como Another’s crab treasure. Abraza sin miedo una terminología polémica hasta el hartazgo, como es soulslike, pero dota a ese esquema de matices que no tienen nada que ver, como la ambientación, el humor y la accesibilidad personalizable. De hecho, se siente la mayor parte del tiempo simplemente como una aventura de acción y plataformas en 3D. Junto a un apartado técnico que claramente apuesta por lo artístico y eficiente, en lugar de realismo y vanguardia, a veces parece que estemos ante un juego de otra época. Yo, que ni siquiera soy un seguidor de la obra de From Software, me he sentido como en casa.

La originalidad es una cuestión relativa, y a veces genera una obra más propia y única el hecho de saber dar tu visión personal sobre ciertas herramientas que otros tratan de respetar, sin percatarse de que cuenta más el fondo que la forma. Y puede que Aggro Crab haya tenido que irse al fondo del mar para iniciar su incursión en esta fórmula, pero como ellos dicen, tan sólo están arañando la superficie. A medida que indaguen más encontrarán más historias que contar, y espero poder disfrutar de ello tanto como lo he hecho en compañía del bueno de Krill.


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