Creo que no estoy sola en considerar que hay ciertas obras que son de consumo exclusivo para temporadas concretas. Y, al igual que La Jungla de Cristal, El ángel más tonto del mundo es una obra de Navidad. Ya me perdonaréis.

Una cosa que me gusta de la Navidad son las comidas con amigos. El juntarse in extremis para poder vernos antes de que acabe el año, charlar de cómo estamos, hacer un poco el idiota y comer cosas deliciosas. De hecho, los dulces de Navidad son en sí mismos una parte importante de esas comidas, y mi favorito es un turrón muy concreto… Pero para que nos entendamos el turrón de chocolate con arroz inflado o en su defecto trocitos de galleta, es lo que encierra en su interior el libro del que quiero hablar.

Siempre me hace recordar las cenas en fiestas con los amigos. El momento en el que la conversación se diluye, y de pronto hay una anécdota, un alegato político, una crítica cinematográfica y alguien pidiendo que se baje la voz y se le acerque el salmón, todo sucediendo a la vez. Y de fondo, el tejido que lo une todo: el juntarse por elección y no por obligación.

No esperéis una obra para todos los públicos, porque no lo es, y no esperéis una historia donde los personajes sean jóvenes que descubren la magia de la Navidad, porque son personajes de mediana edad descubriendo los peligros de las fechas señaladas. Son personajes un poco más cercanos que los de las películas cutres de navidad que nos persiguen de canal en canal, y bastante más creíbles.

Es un libro divertido como un mal rato visto a través del tiempo, y con la gracia de las frases casuales que resultan divertidas pese a no ser graciosas per se. Es un libro tontorrón que siempre me hace pensar un poco sobre cómo enfocamos el cuidar de los demás, las fiestas y el amor conforme nos hacemos mayores. Es, definitivamente, un libro que gana muchísimo si lo lees con los pies en alto y comiendo turrón, porque a veces también la narración hace un cris cris, como de arroz inflado, y a veces desearías que no lo hiciera, pero vuelves a meterte en la boca otro trozo, porque de pensarlo se te cae la babilla.

Lo leí por primera vez unas navidades un poco complicadas, y desde entonces pienso en releerlo cada año, a veces con más éxito que otras. Es una obra gamberra y estrambótica (un poco como todas las de Christopher Moore), pero siempre me deja con el corazón un poco más calentito y una risa en la boca del estómago. Y quizá sea así como deben terminar todas las comidas en estas fechas. Dejándote el cuerpo lleno de chiribitas.

Felices, fiestas. Espero que no llegue a vuestras casas Papá Noel zombi ❤ .


Espada y Pluma te necesita

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es patreon.jpg
La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es kofi.jpg

SOBRE LA AUTORA

Deja un comentario