‘Cosmic Top Secret’ es el nombre que hace referencia al nivel más alto de información clasificada de la OTAN. El padre de Trine Laier trabajó para el servicio de inteligencia danesa durante la guerra fría, y no está seguro de si puede o debe contarle a su hija qué es lo que hizo, ya que su trabajo perteneció a dicho nivel de información clasificada. Así es que ella decidió adentrarse en el mundo de la información enterrada bajo el secretismo de tiempos pasados; y documentó el proceso en un videojuego que tenemos entre nosotros desde 2018.

El videojuego trae consigo todo tipo de momentos grabados tanto en audio como en vídeo, así como fotografías y documentos reales o representados de forma fidedigna. Sin embargo, decide optar por crear un mundo de cartón y papel. Esta decisión, que puede contrariar a la búsqueda del gusto estético atractivo, dota de una ambientación sinérgica respecto a la historia. El mundo de la información solía materializarse en diferentes tipos de papel, siempre más y más papelería que podía llegar a crear una quimera irresoluble en ocasiones.

En primera instancia el estilo visual puede resultar como si tuviéramos que lidiar con un revoltijo de papeles en una papelera, algo no muy alejado de la realidad. Los diseñadores han resuelto satisfactoriamente este problema a base de una estética de dibujo, indicando claramente a base de marcas fuertemente señaladas sobre el papel, bocadillos traídos del cómic, y alguna que otra idea particularmente ingeniosa, como posicionar los documentos de cada nivel en las diferentes caras de un cubo de rubik. Todo podría estar sobre la mesa de nuestro escritorio, mientras tratamos de poner orden al caos. Para alivio de quienes puedan encontrarlo abrumador en un primer contacto, lo cierto es que el misterio queda resuelto en pocas horas de juego.

Pero no se trata de una aventura ceñida al género detectivesco. Cuando el avatar de la autora, llamado simplemente “T.”, se mueve, se repliega hasta quedar reducida a un gurruño que movemos de forma ágil y rápida a través de escenarios relativamente abiertos. El juego está dividido en seis niveles totalmente separados unos de otros, y en ellos recogemos coleccionables y descubrimos secretos como si de un juego de plataformas en tres dimensiones clásico se tratase. Saltar, trepar a base de inercia, o volar como un avión de papel, se convierten en una forma de exploración agradecida en la sensación de control. En dispositivos de pantalla táctil, sea smartphone o Nintendo Switch, podemos movernos arrastrando un dedo sobre la pantalla, y girar la cámara haciendo lo propio con dos dedos. Resulta más intuitivo de lo que parece, si bien esta forma de control puede ser farragosa para ciertos saltos y momentos de mayor agilidad, es apropiada cuando queremos movernos con cuidado, ya sea por equilibrio o velocidad.

La propia T. recoge anillos y rueda como si cierto erizo azul hubiera sido su tutor, lo que inevitablemente conlleva una bienvenida cálida a muchos jugadores clásicos. Todo tiene una intención, como representar la forma en que los espías tomaban fotografías desde los aviones, pero estas ideas funcionan porque la movilidad está bien implementada. Resulta fácil registrar cada recoveco de mapas amplios, o llegar a rincones que presentan pequeños desafíos a nuestra habilidad. Nuestro padre nos enseñará a lanzar granadas, y esto servirá no solo para interaccionar con el escenario, sino para crear una seña de humo que nos diga el lugar exacto en el que estamos al mirar el mapa. El diseño tanto a nivel visual como jugable rebosa creatividad.

En el libro ‘Mi Ucrania’ (Lumen, 2022), de Victoria Belim, la autora se encuentra con un problema similar. También se trata de una obra autobiográfica, y en este caso tiene que seguir los pasos de lo que ocurrió a uno de los miembros de su familia en la Ucrania soviética de los años treinta, enfrentándose así a una burocracia en unas ocasiones kafkiana, y en otras sobrepasada por el paso del tiempo. A diferencia de Victoria Belim, Trine Laier tiene la suerte de estar adentrándose en una época más reciente y una localización no tan convulsa. Las fotografías, el menor deterioro de los documentos, y la posibilidad de tener a los protagonistas de la historia con ella, permiten que este videojuego danés muestre con todo tipo de detalles el proceso de descubrimiento personal de la autora.

Al principio puede parecer una odisea fruto de un simple desentendido familiar, pero todo va tomando forma a medida que recopilamos dosieres, escuchamos conversaciones telefónicas, o desbloqueamos grabaciones de vídeo donde los testigos no sólo explican, sino que dan cuerpo y alma al pasado. Poder verlos, con sus gestos, sus reacciones y su sentimiento a la hora de hablar, nos permite empatizar de una forma que hubiera sido imposible con una recreación gráfica tridimensional, por muy fiel que esta fuera. El sonido de los audios, incluso con un ligero filtro de cinta de casete continuo, nos retrotrae y nos ayuda a ponernos en el lugar de una búsqueda que pertenece a otra época tecnológica. A través del sonido de los papeles y el ruido de los micrófonos, Trine Laier pone en nuestros sentidos lo que ella ha tenido que vivir para conocer a su familia de una forma que antes no imaginaba. Aunque la exploración y el plano jugable se disfrutan y son válidos por sí mismos como videojuego, lo que dirige nuestro viaje son las relaciones entre las distintas personas que conforman el pasado y el presente de los hechos.

Y es que, a fin de cuentas, Cosmic Top Secret trata de una búsqueda personal interior, que es la de conocerse a uno mismo a través de conocernos entre nosotros. Nos tiende una pregunta: “¿Nos conocemos, si no conocemos la historia que nos ha traído aquí?”. Su viaje toma nuevos rumbos cuando su madre resulta ser tan o más relevante para la búsqueda que su propio padre, e incluso éste queda sorprendido al traer de vuelta a su memoria lo que creía recordar. Trine Laier en ningún momento recurre al sentimentalismo, y sin embargo puede llegar a emocionar por simple y llana sinceridad. Es un documental interactivo, si se quiere llamar así, o una obra autobiográfica que tenemos el lujo de tener en un medio como el videojuego, pero es también una forma de comunicar, de permitir a la historia sobrevivir y no ser reducida a la nada que queda cuando el papel se convierte en ceniza.


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