[Para ilustrar el artículo he hecho un ejercicio sencillo: he puesto mujer gamer o chica gamer en Google y he extraído imágenes lamentables que he ido encontrando. No he tenido que buscar demasiado, salían de las primeras. Permitidme que me las tome con ironía.]

El 25% de las mujeres han sufrido acoso sexista mientras jugaban a videojuegos online, según el Pew Research Center. Este dato no incluye insultos neutros como los que recibe cualquier hijo de vecino, sino que está exclusivamente referido a mensajes explícitamente machistas; insultos a jugadoras por el mero hecho de ser mujeres.

La comunidad de videojuegos, en plena era de internet, es prácticamente clasista. Para ser eso que llaman gamer no vale simplemente con que juegues, sino que debes  cumplir una serie de requisitos adicionales para entrar de verdad en la comunidad. En los foros, la gente se pelea por establecer la línea que separa a los casuals de los true gamers. Las más de las veces, se utilizan criterios absurdos (si no es que la cuestión ya es absurda de por sí) como jugar un mínimo de horas al día, comprar un mínimo de juegos al año, tener todas las consolas, jugar desde cierta edad, etc. Y, por supuesto, has de ser hábil en la mayor parte de los juegos.

La comunidad de videojuegos, o al menos cierto sector de ella, huele a cerrado. Como si se encerrasen todos en una habitación, echasen un candado y se hubiesen tragado la llave, para que nadie entre ni salga.

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Una chica gamer promedio haciendo como que juega en pleno mes de Enero. Esta imagen proviene de un tema del foro de 3DJuegos que se llama: “Tema Chicas gamer en minecraft? que opinan”; en él el autor se pregunta si las chicas que se ha encontrado en Minecraft eran reales o eran, literalmente, “gordos con skins de mujer”.

Pero parece que si no tienes pene has de pasar pruebas extra: Si ya de por sí tienes que acreditar que eres un gamer, si eres mujer además vas a toparte con una evaluación continua en la que muchos tíos te mirarán con el ceño fruncido esperando ver alguna carencia en tu identidad gamer.

Victor Martínez, de AnaitGames, en esta mesa redonda sobre la prensa del videojuego y la comunidad del mismo, lo deja claro cuando habla de cómo un tío puede atribuirse de manera más sencilla e inmediata la identidad de gamer que una mujer: “Quizá alguno de aquí haya dicho: ‘¡Ostia! Qué guapa la camiseta del Elite que lleva este tío, debe de ser muy fan. Pues yo no he jugado en mi puta vida al Elite. Sin embargo, yo ya estoy por defecto en el grupo. Me puedo permitir este tipo de extravagancias […] Nadie me va a preguntar si he jugado al Elite.” Pero si eres mujer, probablemente seas una poser y piensen que la camiseta te las has comprado en un mercadillo porque te había hecho gracia el dibujo, sin tener ni puta idea de qué era.

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Facebook, ese manantial de sabiduría.

Es difícil analizar las causas de este cerco que quieren montarse algunos, pues hay muchos factores a tener en cuenta, pero está claro que, durante mucho tiempo, la comunidad de jugadores fuimos unos excéntricos; frikis, como se nos llamaba. Y acabamos formando una suerte de resistencia contra una sociedad que hablaba mal de nosotros y frente a nosotros. Tan arraigada tienen esta concepción de “propiedad” una parte de la comunidad, bastante gruesa y no interesada en esconderse, que se ha acabado construyendo un baluarte metafórico en el que no entra ni sale nadie más que quienes ellos quieran. La industria del videojuego ha visto poco la luz en materia de igualdad en estos años, pero es que parte de la comunidad, en un ejercicio de infantilismo, se ha quedado en lo más profundo de la caverna, pensando que la mejor forma de salvaguardar su hobby es el hermetismo y el desprecio.

La formación de estas bandas como constructos sociales (que tiene su prolongación en la llamada “guerra de consolas”) está alimentada por el odio. Y es que este odio es el que lo amalgama todo; el odio es necesario para estructurar un grupo social (el de los gamers cerrados de mente) que no tendría sentido sin él. El odio a los casuals, seres inferiores a ellos; y como decía, con más facilidad a las mujeres, a las que se las toma de casuals por defecto.

Esta conducta supone de manera inevitable un intrusismo en tu afición. Unos señores vienen a decirte a qué puedes jugar y a qué no, y si eres esto o lo otro según a ellos les convenga. Este estudio señala que, aunque se podría hablar de paridad sexual en la comunidad, también es evidente que las mujeres juegan más que los hombres a unos géneros en concreto. El otro día me topé con una captura de Twitter en la que un señor decía que “no nos empeñemos en meter a las mujeres donde no quieren estar”. Este argumento viene a ser el equivalente gamer de “las mujeres donde tienen que estar es en la cocina”. Entienden que las mujeres tienen mayor inclinación natural hacia según que juegos porque, bueno, son mujeres. Pero, precisamente, esa vascularización en términos estadísticos de las jugadoras hacia los juegos sociales o familiares no responde a una necesidad, sino que ha sido una sociedad patriarcal la que las ha relegado a ello, de la misma manera que a los niños se les regala un Action Man y a las niñas una Barbie; simple cuestión de roles de género.

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En otro alarde de conocimientos, la comunidad nos explica que las mujeres gamers son como el Santo Grial, y que si nos topamos con una deberíamos fotografiarla con el modo ráfaga activado porque probablemente no volvamos a ver otra en nuestra vida.

Así, lo que probablemente se encuentre una chica hoy en día por parte de la comunidad será odio, rechazo, acoso y, hasta cierto punto, incredulidad. Hay cientos de vídeos en los que grupos de tíos, niños en su mayoría, se sorprenden al ver a una chica jugando una partida de Battlefield o Call of Duty; y después de la sorpresa pasan a los insultos sexistas o ridiculizar a esa chica. De hecho, este artículo de la Universidad de Ohio revela que la principal causa de abandono de videojuegos por mujeres es el acoso sexual que reciben. Esto en términos coloquiales se dice echarlas a patadas. Hasta tal punto existe este rechazo y falta de empatía que desde Sony veían con nerviosismo que la protagonista de uno de sus videojuegos estrella, Horizon: Zero Dawn, fuese una mujer; no sabían cómo iba a responder la comunidad, si no sentirían cierto desarraigo o incomodidad por jugar como una mujer.

Estaría bien que todos los hombres hiciésemos un ejercicio de empatía para entender que el problema al que se enfrenta cualquier jugadora es que, sencillamente, no la dejan estar donde ella quiere estar. Y no hay nada peor que sentirte expulsado de aquello que te gusta por la conveniencia de una tropa de imbéciles.

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