Muerte con Pingüino

Título original:
Smert´ Postoronnego
(Смерть постороннего)

Autor:
Andréi Kurkov

Editorial:
Blackie Books

Número de páginas:
280

Año de publicación:
2018

 

 

Nacido cerca de Leningrado en 1961, comenzó a vivir en Kyiv dos años más tarde, cuando el nuevo trabajo de su padre llevó allí a la familia. Convenido de que tuvo una infancia feliz, ocupado con aficiones de lo más comunes, como coleccionar cactus, suele recordar en sus entrevistas que su primer poema fue dedicado a un hámster. Más concretamente, al superviviente de un trío de hámsteres que fue sufriendo muertes accidentales. Este último, musa primigenia del escritor ucraniano, terminaría por caerse de un balcón.

Si bien los animales están presentes a lo largo de toda su obra, y ya gozaba de cierto éxito en ventas, fue en 1997 cuando Muerte con Pingüino le haría saltar al mercado internacional. No sin antes haber sufrido todo tipo de rechazos no necesariamente corteses. Y es que la literatura de Kurkov no es muy ortodoxa. Su estilo es llano, de prosa sencilla pero punzante. Muerte con Pingüino nos narra en tercera persona la vida de Viktor, un año después de que decidiera adoptar a Misha, un pingüino proveniente del zoo.

Viktor es un escritor fracasado, que apenas logra terminar historias cortas, siempre persiguiendo una inspiración que parece huir de él. Vive solo con Misha, en Kyiv. Un afortunado día encuentra un buen trabajo en un periódico: se dedicará a escribir estelas. Parece tener un talento especial para ello, y además está suficientemente bien pagado, el único problema o detalle sin importancia es que las estelas son de gente que aún no ha muerto. Este aparente sinsentido y la evolución de su vida personal serán los misterios narrados por Kurkov, haciendo uso de capítulos muy breves, a menudo de dos o tres páginas.

Es una historia llena de los pesimismos y optimismos propios de una vida de baja estofa. Cercano a la novela negra, tiende más hacia un humor oscuro; sin cinismo o la intención de rozar el mal gusto lo más mínimo, simplemente es una comedia que surge de las dificultades simples y orgánicas de la vida. Es una sátira existencialista, que permanece en el plano realista de la historia por más absurdas que pudieran parecer determinadas situaciones.

Es verosímil porque el mundo del que nace la historia es más inverosímil. Nos sitúa en una Ucrania de los años noventa, que aún adolece de un sistema de corrupciones que impregna todo el ámbito social. Las reglas para sobrevivir y relacionarse distan mucho de las que, debido a la distancia en términos de espacio y tiempo, podemos conocer aquí y ahora. Viktor es por momentos un personaje tan entrañable como incomprensible. En ocasiones tanto el ritmo como las escenas parecen sacadas de una obra de teatro, lo que favorece la conexión entre personajes que, de otra forma, serían mundos inconexos formando un collage.

En esta novela, publicada originalmente en 1996, el optimismo y la esperanza llegan a nosotros de forma muy poco grandilocuente. Son tiempos grises, y únicamente en pequeños momentos de suerte hay algo de color. Kurkov ha sido comparado a menudo con Murakami y Kafka, pero creo que esa visión carece de cierto conocimiento de causa, y se reduce únicamente a motivos estilísticos, no tanto a la raíz o fruto del texto. Su voz proviene de una infancia soviética y una evolución europea, dejando una obra de una carga social y política que sólo puede entenderse plenamente desde una perspectiva ucraniana. Su peculiar forma de ver lo que transcurre a su alrededor, las contradicciones, los conflictos culturales o la mezcolanza forzada, provienen de una experiencia vital, territorial e histórica concretas.

Muerte con Pingüino es un tipo de literatura que mira desde abajo hacia arriba, no desde el palco, y quizás todo el mundo debería introducirse en ella al menos una vez. Trae consigo un mundo propio, y aunque Andréi Kurkov lo disimule muy bien, yo diría que busca comprender y compartir, dos acciones que a menudo las novelas olvidan.

El año que estaba a punto de terminar le había traído cosas extrañas. Y estaba siendo extraño hasta el final, provocando en él pensamientos y sentimientos encontrados. La soledad había dado paso a una cierta dependencia. La inercia de su propia vida le había llevado, como si fuera una ola, a una extraña isla donde le habían caído encima responsabilidades y dinero con que atenderlas. Sin embargo, hasta entonces se había mantenido al margen de los acontecimientos y de la vida misma, sin pretender entender lo que sucedía a su alrededor.


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