Año: 2013.

Director: Denis Villeneuve.

Guionista: Javier Gullón.

 

Enemy es un thriller psicológico de primera división. Atmosférica y compleja tanto en su guion como en sus implicaciones filosóficas. En términos iniciales, es la historia de dos personajes interpretados ambos por Jake Gyllenhaal; uno de ellos es un profesor de Historia que lleva una vida monótona y desquiciante, el otro es un actor de tercera, de naturaleza más vehemente y que parece llevar una vida algo más satisfactoria. Ambos son exactamente idénticos, tanto en voz como en cuerpo, de manera que cuando uno de ellos descubre la existencia del otro se obsesiona por ello. La premisa de la dualidad de personajes se rompe en algún momento de la película, de manera que se abre un nuevo campo metafórico, donde las interpretaciones vuelan y los mensajes calan. ¿Son la misma persona? ¿Lo son todo el tiempo? ¿Está loco el personaje? ¿Todo esto está ordenado? ¿Esta escena tiene sentido según mi teoría? ¿Por qué no estoy viendo Transformers? Es de esas películas por las que te lanzas a Google justo después de terminarla para comprobar si hay alguien más inteligente y dedicado que tú que ya la ha descifrado y ha conseguido unir todas las piezas del puzzle, sirviéndote una explicación en bandeja. No obstante, el propio Villeneuve da con la clave en esta búsqueda del sentido más exacto y objetivo, como si nuestra interpretación no fuese suficiente: “Cuando lees un poema, no quieres que el poeta te explique su significado. Lo que haces con él es experimentarlo llevándolo a tu propia experiencia. Y no quiero ser pretencioso. Enemy está hecha para jugar con el espectador.” Probablemente, ese espectador tenga su propia (o sus propias) interpretaciones tras ver la película; quizá, su teoría sea más coherente y completa tras un segundo o tercer visionado, pero desde luego lo primordial de la película (de este tipo de películas) no sea tanto ensamblar las piezas sino empaparte de sus mensajes, siendo este juego psicológico en el guion y en el montaje un vehículo narrativo para transmitir dichas ideas. Seguramente el guionista tenga una explicación exacta, pero la película claramente no quiere simplemente ofrecérnosla: quiere que la búsqueda de ese significado deje cierta impronta en el espectador.

La película no se sostiene únicamente con el guion. Es la segunda película de Denis Villeneuve (Incendies, Sicario, The Arrival, Blade Runner 2049) y deja un claro sello con recursos e ideas de dirección que se mostrarán de manera más pulida en sus posteriores películas: los planos sostenidos, los suaves travellings laterales que siguen y conectan personajes, la calma con la que se expresa el guion. Quizá en películas posteriores se aprecie más calidad técnica, pero sin duda esta es ya una película a destacar en ese sentido.

La fotografía adquiere especial importancia; es fácil darse cuenta de que esta es una película amarilla. No por una cuestión azarosa, sino porque de alguna manera ese color le imprime una riqueza plástica a la historia, otorgándole cierto aire asfixiante, que además sirve como elemento visual cohesivo. Todo ello conforma una película atmosférica en la que guion y dirección son dos partes de una relación sinérgica.

Enemy es, sin duda, una película reivindicable. Una que hay que afrontar con atención y mente abierta, pero de la que sales enriquecido a poco que sea así.

 

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