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“Se parece a Stranger Things” fue una de las frases más repetidas tras el estreno de DARK, la producción alemana de Netflix. Las comparaciones son obvias: en un pueblo perdido de la mano de Dios, donde nunca pasa nada relevante, un grupo de personas increíblemente interrelacionadas sufre una serie de extraños fenómenos que desencadenan una trama de misterio. No obstante, creo que el parecido entre ambas series es más bien superficial y se encargan únicamente de recoger el testigo del cine de Carpenter o Lynch e imprimirle una nueva capa. A poco que se explore en los mecanismos internos de cada cuál más evidentes se hacen sus diferencias.

Tras su salida, se han dicho muchas cosas de DARK. Que es lenta. Que es aburrida. Que es un sinsentido. Que los actores están horribles. Hay a quien le ha gustado bastante, pero menos que Stranger Things. 

No puedo estar de acuerdo con la mayoría de estas críticas negativas, a menudo despiadadas, de una serie que me ha parecido manejada con buen pulso narrativo, un manejo de la cámara destacable y una fotografía que consigue una estética propia y reconocible; todo ello con un trasfondo interesante. Es una obra coral, con lo que los personajes por sí solos no importan más allá de lo que a cada cuál quiera importarles, pero el objetivo central es presentar conceptos como la circularidad del tiempo, la repetición inexorable de los actos oscuros del ser humano, el determinismo como única realidad temporal.

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La serie se cuece a fuego lento y construye la trama desde la intención del largo recorrido: tras la desaparición de un niño y los hecho misteriosos que acontecen alrededor, se desencadena un misterio sobre el que se va vertiendo información poco a poco; el ritmo es lento pero acertado. No se me ha hecho aburrida como tantos dicen, pero tampoco esperaba que se me hiciese entretenida porque no creo que sea lo que busque. Podemos discutir si diez episodios son demasiados. Quizá. Ahora bien, no creo que el ritmo de la serie sea el problema, porque un ritmo más alto supondría una disonancia importante con las premisas narrativas de la serie. Un ritmo más alto puede que te entretenga más en el sentido más mundano de la palabra, pero creo que el foco creativo aquí está en otro lugar, un tanto alejada de ciertos convencionalismos de las series actuales.

DARK se toma en serio a sí misma, con lo que conlleva tomarse en serio los viajes en el tiempo. Con estos sólo puedes hacer dos cosas: o tomártelo a broma y conseguir Regreso al Futuro, o tomártelo muy en serio y diseñar escrupulosamente un guión tratando darle el punto justo de complejidad. Creo que DARK se mueve bien en esta segunda forma, proponiendo en general un tono oscuro, serio y que apenas deja lugar a la gracia. La trama es relativamente sencilla de seguir y se explica muy bien por sí sola, algo que es difícil de conseguir en una historia de estas características. La marabunta de personajes, con diferentes líneas temporales, hace que no siempre te sitúes correctamente, por lo que aquí creo que la serie no sabe pararse los pies a sí misma; no obstante, es algo que también le pasa a obras totémicas como Cien Años de Soledad y nunca se se sabe con certeza si el problema es nuestro, de nuestra forma de consumir, del escritor o si, por el contrario, ni siquiera al escritor le preocupa demasiado que mantengamos el árbol genealógico en la cabeza sino que asumamos los temas y no los detalles de la trama.

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La factura técnica de DARK es digna de elogio. Sin salirse de patrones más o menos establecidos, consigue un juego de iluminaciones y un uso del color muy destacables. Tiene cierto deje de It Comes at Night, la película de Trey Edward Shults, que utiliza en muchas ocasiones la más absoluta oscuridad como contexto en el que se destaca el entorno o los personajes alumbrados por la fría luz blanca de unas linternas.

En los compases finales de la serie, cuando faltan dos o tres capítulos, se intuye cierta prisa por cerrar las tramas abiertas y resolver el misterio, con lo que acaba por hacerlo de manera un tanto precipitada y, en final, que dará pie a la segunda temporada, deja entrever una trama menos interesante, con visos de La Carretera o Hijos de los Hombres. Es, no obstante, un problema que concierne más a la segunda temporada que a ésta que nos atañe.

Con todo, DARK me parece una serie perfectamente medida donde sus temas van permeando poco a poco en el espectador, con la elegancia formal de las series inglesas pero la inspiración estética del cine de misterio americano; una serie imperfecta, con las irregularidades propias de una obra de 8 o 9 horas, pero con la que es fácil conectar. Quizá un exceso de precaución la limite en algunos aspectos, y por momento le falte algo de fuerza. Pero con perspectiva encontramos una serie superior a la media y diferente a la moda, con suficientes ideas propias en un contexto (el de las series contemporáneas) en el que parece premiarse lo contrario.

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