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La ciudad de Los Ángeles creada en 1982 por Ridley Scott abre con un plano de la misma desde la alturas, unas llamaradas que intentan ascender hacia los cielos desde la ciudad, y unos ojos que observan una construcción a lo lejos mientras el fuego y las luces de la urbe se reflejan en su retina.

Es una imagen de una metrópolis de aspecto sucio y futurista precisamente inspirada en muchos de sus decorados, detalles y referencias por Metrópolis, la cinta de 1927 del director austriaco Fritz Lang, considerada como una de las grandes representaciones del expresionismo alemán dentro del cine. Scott además presenta en un plano cerrado uno de los rasgos de quien, más tarde, descubriremos que es el Replicante Roy Batty.

Con esta introducción Ridley Scott muestra gran parte de la simbología presente en Blade Runner. La identificación de la ciudad a ras de suelo habitada por individuos con un infierno del que salen llamas, un Dios que observa al hombre desde las alturas, la deshumanización que hacen los humanos de los Replicantes al llamar “retiro” al asesinato de estos, o que el primer plano que se vea de Roy Batty sea de sus ojos (el espejo del alma según muchas tradiciones) con su mirada puesta en el reino de los hombres como si este destino fuese en realidad un lugar anhelado en el que el androide podría alcanzar la paz pese a estar presentado por el director como un infierno del que escapar.

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Bajo toda la trama de Blade Runner existe un diálogo acerca de 3 personajes y su condición o identidad: El Doctor Eldon Tyrell, el Blade Runner Rick Deckard y el Replicante Roy Batty.

Y la figura de un Dios (Tyrell), y su creación (Roy).

Los Ángeles. 2019. Una ciudad que se ahoga bajo la lluvia y la polución. Un dirigible que flota en los cielos prometiendo una nueva tierra de oportunidades en las colonias exteriores, lejos de toda la decadencia y suciedad en la que se encuentra sumergido nuestro moribundo planeta… Blade Runner presenta una Tierra que por culpa de la acción del hombre está condenada: La lluvia la inunda y un zepelín que se encarga de transportar a aquellos dignos (en este caso los ciudadanos sanos física y mentalmente) hacia la salvación. No es difícil establecer paralelismos entre este dirigible y el arca de Noé.

En este mundo al borde del colapso las grandes corporaciones y los hombres tras estas son los nuevos dioses. Las dos colonias exteriores son administradas por la Corporación Shimata-Domínguez y bautizadas con sus nombres, la Tyrell Corporation crea replicantes para servir en estos paraísos y gigantescos anuncios de Coca-Cola pueblan la ciudad.

Estos son los nuevos dioses que todo lo ven. Capaces de observar no solamente desde las alturas como en la introducción, si no también dentro de los hogares. En Blade Runner estos dioses están representados de muchas formas, como con luz por ejemplo. Ridley Scott se vale de metáforas visuales con las que presentar la simbología de su obra: La Tyrell Corporation es un edificio de aspecto similar a una pirámide precolombina bañada por una luz dorada que tiñe sus muros,  incluso el cielo a su alrededor aparece como un Olimpo hecho de oro, un hogar donde habitan estos dioses capaces de dar vida a los replicantes. Esta luz también es un elemento que invade la intimidad de sus personajes, adquiere casi presencia física y no se limita a iluminar, espía los momentos de privacidad de los habitantes de este mundo: En la entrevista a Leon Kowalski en la Tyrell Corporation, en las conversaciones sobre la identidad entre Rick Deckard y Rachael e incluso en sus encuentros amorosos. La iluminación está dispuesta de forma que parezca asomarse sobre los interiores, ya sea mediante su inclinación o atravesando obstáculos con haces directos.

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En el primer encuentro entre Rachael y Deckart la luz procedente de un sol completamente visible entra de manera casi horizontal desde la ventana, y sólo desaparece con la presencia del Doctor Eldon Tyrell, dicho de otro modo: La identificación de la luz con un dios que todo lo ve deja de ser necesaria cuando el propio dios creador está presente de manera física en la escena.

Los ojos adquieren valor como un elemento simbólico. Es lo primero que vemos de Roy Batty y es donde se fija el test de empatía para determinar si un sujeto es un replicante o no. Como ya decía en la introducción, se hace alusión al ojo como espejo del alma, algo que sólo los humanos pueden poseer.

Uno de los genetistas a los que visita Roy, el anciano Hannibal Chew, está especializado en crear ojos. Y cuando el líder de los replicantes acaba con el doctor Tyrell lo hace hundiendo sus pulgares en las cuencas de su creador, aportando una metáfora más: Roy odia al ser humano y su humanidad, pues es algo sin lo que él fue creado. Simbólicamente con lo que intenta acabar es con el alma de su padre. Este odio ya es reflejado anteriormente, por ejemplo cuando hace hincapié en la condición de hombres de los policías que visitan el apartamento de Leon, algo que se aprecia mejor en la versión original de la cinta, momento en el que Roy Batty pronuncia “policemen” haciendo una pausa separando “police” y “men”.

Una vez descubierta su naturaleza como experimentos de laboratorio y tras tomar conciencia propia de este hecho, consciente de que sus recuerdos son ajenos y su vida tiene fecha de caducidad, Roy Batty se cuestiona su identidad y busca a su creador para obtener respuestas y venganza. Aquí podríamos encontrar nuevos paralelismos entre la obra de Ridley Scott inspirada por Philip K. Dick y la novela de Mary Shelley Frankenstein o el moderno Prometeo… En su odio hacia los humanos Roy Batty acaba uno a uno con todos aquellos responsables de su creación.

Esa búsqueda de la identidad y la exploración de lo que significa ser un ser humano es el motor que impulsa la trama de Blade Runner, cargando gran parte del peso en la memoria, presente durante toda la película con alusiones a los recuerdos o con manifestaciones físicas de esta mediante fotos.

Leon intenta recuperar las fotografías de su piso como algo valioso para él. Rachael lleva al piso de Deckard una fotografía de su madre cuando intenta reafirmar su identidad. Deckard tiene un montón de fotografías sujetas en su piano… Si yo soy yo y mis circunstancias, gran parte de mi identidad estará construida por mis experiencias y el cómo las interpreto, por lo que los recuerdos serán algo necesario en esa construcción individual del yo. Pero los Replicantes son creados con recuerdos falsos, o al menos recuerdos ajenos ¿Significa esto que es imposible que alcancen una construcción satisfactoria de su identidad en el mundo?

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En este contexto, la pregunta sobre qué significa ser humano va más allá: ¿Puede un replicante llegar a serlo? Los replicantes son fabricados como herramientas al servicio del hombre que eventualmente acaban desarrollando emociones propias ¿Los convierte eso en hombres? Desde el principio de la película se plantea este dilema y el cómo los humanos se niegan a concederles esa categoría a los replicantes: Al asesinato de replicantes se lo llama “retiro”, e incluso el jefe de policía Bryant, en su primer encuentro con Deckard, le dice cuando rechaza volver a trabajar como Blade Runner:  “Si no eres poli, no eres nada”.

Lo que parece una simple conversación entre el jefe de policía y el Blade Runner se convierte en una apelación directa al espectador: “Si no eres poli no, eres nada”, o “no puedes cambiar tu naturaleza ni lo que eres”. En esta escena además se desvela otro de los puntos de interés de la historia:

Cada figura de origami que construye Gaff acompaña algún momento clave de la película:

Primera figura: Bryant cuestiona la identidad de Deckard. La figura de origami representa a una gallina, criada en una granja y sin posibilidad de escapar, sin elección, como le dice Bryant a Deckard.

Segunda figura: Deckard busca las preciadas fotos de Leon. El Blade Runner ya ha conocido a Rachael y esta vez la figura de origami que fabrica Gaff es un hombre con lo que parece ser una erección.

Tercera figura: Gaff crea un unicornio de papel, precisamente el mismo animal con el que había estado soñando Deckard…

Con sus creadores y todos sus compañeros muertos el papel de Roy Batty se invierte. La herramienta de los hombres, el monstruo, ahora está solo en el mundo, emociones como la ira o la soledad lo embargan y se encuentra desprovisto de ningún propósito para seguir adelante. Al igual que al inicio de la película la luz se colaba en los interiores, en el enfrentamiento final entre Roy y el Blade Runner, el androide acecha a través de una ventana, es una presencia sin forma capaz de ver incluso a través de las paredes, una metáfora del replicante desafiando su propia naturaleza, convirtiéndose en aquello que anhelaba: Un humano. La visión de lo que para él es la figura de un Dios que atraviesa su propia mano con un clavo y lanza una paloma al vuelo con su último aliento mostrando más misericordia de la que sus creadores habían mostrado por él y rompiendo el ciclo de muerte en el que se hallaban inmersos.

En sus momentos finales el replicante entiende que ser humano es aceptar que todos vamos a morir y que no todas las preguntas tienen respuesta…

Los dioses son creados por los hombres,  no al revés. Y Roy Batty muere como un hombre.

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