Rosa neón y cian. Glitch. Baja calidad de sonido, samples. 
Bucles. Windows 98. Anime y manga. Kanjis. 
Latas de refresco. Delfines en 3D. Palmeras. 
Espacios reales vacíos que se llenan con imágenes inconexas. 
A e s t h e t i c.

Es difícil hablar de qué es el vaporwave en pocas palabras. Principalmente porque a su alrededor hay muchos otros waves que lo rodean y que se funden y confunden con él, que le han precedido, que han convivido y quizá incluso le hayan sobrevivido. Quizá el vaporwave sea el fantasma de Windows 98 trayendo al ahora el fantasma del futuro que esperábamos en los 90. 

Antes de nada, estaría bien apuntar que particularmente entiendo el concepto wave como equivalente a los ismos de las vanguardias. Sin ser lo mismo, en un cierto sentido se puede establecer una equivalencia: son movimientos irreverentes, que saliendo de la zona de confort de lo habitual y académico abren puertas a diferentes posibilidades y movimientos que exploran. Sin embargo, quizá en lo que llamamos waves no haya la misma carga ideológica que encontramos en las vanguardias. Y ahora, vamos a por el vaporwave. 

Hace mucho que empezó el vaporwave.

Refresquemos la memoria 

Hay dos puntos de vista sobre el vaporwave. Por un lado, hay una mirada que entiende el vaporwave simplemente como un meme de Internet, una broma que se ha ido desarrollando pero no tiene ninguna base más allá de ser un desvarío casual. Algo sin importancia. La otra mirada plantea que realmente tiene una ideología detrás, que es algo más que solo estética hortera y ritmos lentos, y que se muestra la sociedad de consumo desde un nuevo foco. En mi opinión, ambas visiones son acertadas y se complementan. Vaporwave nace en 2010, de mano de Chuck Person’s Eccojams Vol. 1 (Daniel Lopatin) y Telnet Erotica (Vektroid), dos álbumes de música cuanto menos particular. Se basa en la mezcla artificial de diferentes sonidos, ritmos lentos sin ningún pulido. Entre el 2010 y 2014 el género se hace relativamente popular en Internet, de manera que empiezan a proliferar estos álbumes, con música construida a base de ritmos ralentizados y ajenos, que se mezclan y remezclan con diferentes efectos, acompañados de imágenes desconcertantes. Resulta complicado hacer una genealogía del género, porque nació minoritario y como tal se ha mantenido. De hecho, se dice de él que nació ya sin intenciones ni posibilidades de prosperar, no ha desarrollado ninguna jerarquía ni un centro. Álvaro Arbonés y Yago García, en su artículo Pesadilla en el centro comercial: vida y muerte del vaporwave, plantean que proviene de ninguna parte, de todas partes, de los no-lugares: los centros comerciales y Tumblr. Los centros comerciales han empezado incluso su propio wave, con música a base de sintonías que sonaban de fondo en los centros comerciales de los años noventa. Por otro lado, Tumblr como red social de blogging destaca precisamente por su falta de jerarquía. Los seguidores no son importantes, las publicaciones se comparten de una forma anárquica y durante un tiempo era posible editar las publicaciones de otros usuarios.  

Sin embargo, cuando pensamos en vaporwave pensamos en estética visual, porque es la parte más reconocible. Arbonés y García en su artículo hablan de “colores pastel, caracteres japoneses, palmas y arquitecturas desiertas, combinados toscamente”. Y realmente estos elementos son algunos de los más llamativos visualmente, pero no son los únicos. En el vaporwave predominan los colores pastel y destacan los toques en neón. Los tonos más neutros dan a las imágenes un aspecto plano que permite acentuar el efecto de pastiche o collage. Es un efecto voluntariamente tosco, que intenta imitar el efecto de un collage no-digital, recordando, en parte, al dadá. En este estilo de collage se utilizan otros elementos: las imágenes de paisajes tropicales y las esculturas clásicas. En ambos casos se busca un efecto de nostalgia y melancolía, muy similar al gusto romántico pero, en cierto sentido, podríamos considerarlo justamente contrario. Mientras los románticos ocultaban su idealización de aquello medieval tras la ideología del pasado a recuperar (relacionando así los nacionalismos y el espíritu de los pueblos con el pasado), realmente su gesto de recuperación estaba más basado en la estética. El vaporwave se disfraza de voluntad estética mal entendida para señalar la nostalgia y la ideología. En imágenes como esta, la ideología está mucho más codificada que en otras en las que aparecen el logotipo de Windows 98 y latas de refresco, pero la idea de fondo es la misma: hay un pasado a recuperar, que no encaja en el contexto, pero que sigue perteneciendo a él.  

Es un collage cuyo fondo es una playa saturada en color azul. Sobre ella, un plano inclinado ajedrezado en colores azul cian y rosa pastel, con una columna jónica inclinada a la izquierda, unos kanjis japoneses en la parte superior y, en primer plano, la Venus de Milo
La Venus de Milo en la playa azul, es más que probable que hayáis visto mil veces esta imagen. Fuente: Tumblr

Si analizamos una de las imágenes que son buque insignia del movimiento, podemos sacar muchas conclusiones. La Venus de Milo en primer plano es una referencia cultural de primer orden, y se relaciona con la columna dórica, que rompe el equilibrio que podría tener la imagen. Estando así colocada, deja de tener sentido como columna (no sujeta nada y ni siquiera está en vertical como referente visual), para tener sentido como elemento simplemente visual, totalmente descontextualizado (es una columna que ni siquiera funciona como decorado para la imagen, no funciona como atrezzo como en los retratos del XIX). Sin embargo, la columna lleva la vista al mensaje escrito en kanjis. En la mayoría de imágenes vaporwave los mensajes en japonés no tienen relevancia, y en muchas ocasiones ni siquiera tienen sentido. Pueden ser palabras sueltas o frases cortas, pero no relacionadas con la imagen. Sin embargo, evocan el orientalismo kitsch de masas: aquello japonés relacionado con el manga y el anime, de los noventa en adelante. En el caso de las imágenes de personajes de manga o anime, se pone en relieve la dimensión falsa de la imagen que es, en definitiva, la esencia del vaporwave. 

Para hablar de esto me gustaría traer a Baudrillard, que en El complot del arte (1997) plantea algunas cosas que nos pueden resultar interesantes. Baudrillard define una imagen como una abstracción del mundo en dos dimensiones, potenciando la ilusión al quitar una dimensión del mundo real. En cambio, la virtualidad al hacernos entrar en la imagen recreando todas las dimensiones, destruye la ilusión.  

Las imágenes de estética vaporwave son representaciones que nos plantean realidades intangibles e irreales. Por un lado, con el juego de la yuxtaposición de dimensiones (en la imagen de la Venus de Milo en la playa, el plano de cuadros azules y rosas no encaja con las dimensiones con las que se representa a la escultura, igual que los kanji no encajan con la columna ni la playa), pero también haciendo patente su naturaleza artificiosa, haciendo excesivamente obvio el hecho de que no constituye una representación mimética de la realidad. La imagen de la Venus de Milo podría haber constituido una ilusión perfecta con los elementos adecuados, podría habernos llevado al engaño. Sin embargo, esa posibilidad se descarta por completo, prefiriendo evidenciar otra ilusión perfecta: un artificio, una quimera, una ficción en la que la voluntad estética prevalece y se mantiene a flote pese a su naturaleza chabacana. Planteándose estos elementos en espacios que no les corresponden se convierte cada imagen en una muestra de un no-lugar. Ninguno de los lugares vaporwave que se crean, tanto en imágenes como en música, se puede calificar de lugar. Las playas ya no son playas, son ilusiones de playas, los pasillos no llevan a ninguna parte, los centros comerciales están vacíos. En ocasiones, ni siquiera los espacios tienen un sentido, un inicio o un final: son eternos, irreales y fantasmagóricos. 

El vaporwave tiene ideología, por supuesto. Siendo un movimiento puramente digital, nacido directamente en Internet, bebe de fuentes marxistas, y aprovecha su acercamiento estético a los noventa para ironizar sobre la sociedad de consumo y la tecnología. Ante un panorama de crisis sistémica como la que se dio a raíz de la crisis económica de 2007 y de la que aún no se ha recuperado la mayor parte de la población, la generación más joven se encuentra perdida respecto un futuro que no saben cómo enfrentar. Por lo tanto, si no puede mirar al futuro que estaba por venir, al futuro esperanzador, se empieza a mirar al pasado. Ahora, en el futuro, la nostalgia de ese pasado es inevitable, porque no hay hueco para la esperanza en un futuro incierto. En Internet no es raro encontrar tentativas de escritura vaporwave, pero no hay establecidas unas ideas o preceptos que seguir. No ha surgido nadie con una obra que se pueda considerar un clásico vaporwave. En esas tentativas encontramos diferentes caminos. Por un lado, la opinión de que la estética vaporwave es más fácilmente plasmable en poesía, por su forma fragmentaria y su tendencia a las atmósferas y las auras irreales y no tanto narrativas. Por otro lado, se plantean narrativas fragmentarias, centradas en el consumo y en tramas extrañas, inconsistentes. Sin embargo, estos intentos resultan demasiado autoconscientes, forzados. Esta es una cita de Get My Food Book, uno de los considerados “libros vaporwave” (en formato txt y disponible online), que evidencia este intento forzoso de crear algo nuevo en la línea vaporwave: 

~_`-~_`_~-`_~_~~ INCOMING FREQUENCY _~_`-_`-~-~_`-`-`_~~_~`-`-~_ 

THIS IS DAB THAPTHEN FOR HOLY$WAGG, COME IN HOLY$WAGG 

K hi this is cute swaggy, im doin a snax currently tbh 

DO YOU HAVE TIME FOR A BRIEF INTERVIEW ABOUT YOUR NEW VAPORWAVE LABEL?  

Holy$wagg,(2018), Get My Food Book, The Swaggery, 2019.

¿Hasta qué punto esto se puede considerar como el resultado de una voluntad literaria? Sin quitarle el valor experimental, y aceptando que su autor dice que es una “anti-novela”, no hay detrás una auténtica obra que analizar y de la que conseguir desarrollar una teoría. Por lo tanto, dejando de lado estos elementos puntuales, podemos considerar que no hay una literatura vaporwave. Sin embargo, ¿sería posible encontrarla o desarrollarla? 

Teoría para una literatura v a p o r w a v e

Habiendo analizado elementos de diversas fuentes, tanto canciones como imágenes, y la ideología del vaporwave, se puede llegar a una serie de características que se podrían buscar en una literatura vaporwave.  

  • Un aura de melancolía y nostalgia. De la misma manera que las imágenes y las canciones tienen un filtro de baja calidad que genera esta sensación, en la literatura se debería conseguir alcanzar también. La combinación de elementos y el tono serían indispensables para este punto. 
  • Reminiscencia de los años noventa. La nostalgia y la melancolía del vaporwave necesitan un ancla, un motivo. La última década del siglo XX es ese motivo. La mirada que el vaporwave ofrece sobre ese tiempo está puramente romantizada, y se basa en las esperanzas de futuro. En los años noventa el futuro estaba por llegar, y es ahora que el futuro ya ha llegado y no es lo que se había esperado de él, cuando se despiertan la nostalgia y la melancolía por la esperanza ingenua del pasado en el futuro. Es una mirada profundamente afectada por el contexto de la crisis económica, con la concepción de que si bien no todo tiempo pasado fue mejor, el pasado era mejor de lo que es el presente. Este planteamiento y ese deseo de recuperación de la esperanza y la ilusión en el futuro desde la melancolía inocente necesitan un hueco en la literatura vaporwave. Una posibilidad sería el planteamiento de una prosa o una lírica desde el presente hacia el pasado, o simplemente elementos puntuales que traigan el pasado al presente interno de la obra. 
  • Narración fragmentaria. No es indispensable, pero resulta lógico buscarla ya que las composiciones vaporwave intentan conseguir un efecto de desconcierto mediante el pastiche poco cuidado. Una narración fragmentada permite conseguir este mismo efecto, situando elementos y escenas en la obra de forma que no se relacionen de forma muy estrecha, haciéndolos destacar y, al mismo tiempo, acostumbrando al lector a ese efecto descontextualizado. También sería posible plantear esa posibilidad mediante una narración con escenas desordenadas. 
  • No-lugares. En el vaporwave es habitual encontrar bien espacios de paso vacíos, bien lugares inexistentes. La música de ambiente de centros comerciales es un género que el vaporwave trabaja (concretamente la rama del mallwave), e incluye las imágenes de centros comerciales vacíos en sus imágenes. Los centros comerciales son lugares de paso, no-lugares, del mismo modo que lo son los espacios inexistentes creados mediante programas de edición de imágenes. Estos espacios también deberían tener representación en una literatura vaporwave, en forma de ciber-cafés (hoy en día no tan habituales, pero más comunes en los años noventa y a principios de los dos mil), de centros comerciales, o simplemente lugares desconectados y desdibujados, imaginarios y etéreos.
  • Elementos puramente clásicos descontextualizados. Al analizar los elementos clásicos (esculturas generalmente) que aparecen en la estética visual del vaporwave, hemos llegado a la conclusión de que estos elementos tienen un doble valor. Así, el doble valor podría tener también su lugar en una forma literaria del vaporwave, mediante la aparición bien de elementos artísticos clásicos, bien quizá de citas clásicas o autores. Ya que esta característica se encuentra en la parte visual, su transcripción literaria bien podría ser en la misma forma letrada. En una hipotética novela vaporwave con una trama romántica se podría citar el Ars amandi de Ovidio, y ya que en lo visual se desvirtúan las imágenes clásicas, ni siquiera haría falta traducir la cita del latín. Sin embargo, ya que no todas las esculturas presentes en el vaporwave son realmente clásicas, simplemente lo aparentan (porque se busca la imagen humana blanca e irreal), también tendrían cabida citas de obras no clásicas, incluso contemporáneas, traducidas al latín o al griego, creando esa falsa ilusión de lo clásico. 
  • Lenguaje y forma de la palabra. El vaporwave tiene sus propios códigos, basados en códigos ajenos. Así pues, el lenguaje de la novela y la poesía vaporwave deben reflejarlo también. Sin embargo, no tiene por qué ser un galimatías, el registro puede ser habitual si el resto de la obra mantiene la cohesión respecto al estilo y la coherencia con el vaporwave. En cambio, parece quizá más importante la forma de la palabra. La tipografía a utilizar debería ser una fuente que plasme esa reminiscencia a los años noventa, pero suficientemente neutra como para incorporar elementos en otras tipografías provocando un choque visual pero no una confrontación. Fuentes como Arial o Helvetica serían buenas opciones, pero Times New Roman sería la fuente más en consonancia con el estilo, puesta en diálogo con otras que también aparecen frecuentemente, resonando con los primeros gráficos de ordenadores e incluso las utilizadas en el teletexto, como Alien Encounters o VCR font. 
  • Sugerencias japonesas. Relacionado con las fuentes, cabe recordar que en el vaporwave los kanjis, katakana o hiragana son habituales. En una literatura vaporwave podrían tener cabida también, por ejemplo como título de los capítulos de una novela. Sin embargo cabrían otras opciones como utilizar el japonés en rōmaji, con el alfabeto latino, de forma que se consigue el mismo extrañamiento y el choque, aunque no de forma tan visual y sin el efecto estético buscado. Parte de la intención que se presenta en el gesto de colocar escritura en un sistema diferente al occidental en las imágenes vaporwave es perder en la traducción el sentido original del texto, dejando un vacío difícilmente recuperable entre una lengua y otra. Ese vacío, ese no-mensaje, que se pierde por intraducible, plantea el gesto como puramente estético, el texto pierde su sentido textual como transmisor de un mensaje, porque ya no hay mensaje, y queda únicamente como un elemento estético. 
  • Iconografía pop. También en relación a lo anterior, al presentar elementos japoneses como la forma de escritura, también se plantea la aparición de personajes de una parte del entretenimiento japonés, de manga y anime. En una literatura vaporwave estos elementos, junto a aquellas otras presentaciones del imaginario pop formarían parte de la ambientación o de las características de personajes, pero sin necesariamente tener un papel principal en la obra en sí. 

Ahora que hemos establecido las características que podrían presentarse en una literatura vaporwave, puede que sea el momento para reflexionar sobre por qué no se ha desarrollado. Los diversos intentos (que se pueden hallar fácilmente en foros como Reddit) parecen poco sólidos. Y seguramente eso está relacionado con lo que señalan Arbonés y GarcíaNarvaez, Márquez, Luna y Jones: el vaporwave está muerto. ¿Tendría sentido llevar un género cadáver a otra disciplina? 

Quizá esa sería la salvación del vaporwave: mutar y convertirse en algo más. O quizá los elementos son suficientemente complicados de traducir y encerrar entre palabras como para que ningún autor se plantee hacer algo similar a Daniela astor y la caja negra, de Marta Sanz. En cualquier caso, las posibilidades existen, aunque no se haya dado en el campo literario ningún objeto vaporwave genuino y de calidad. Quizá el vaporwave sea el fantasma de Windows 98 trayendo al ahora el fantasma del futuro que esperábamos en los 90. 


Espada y Pluma te necesita


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