Era una bonita mañana de otoño. Había un sol suave que iluminaba sin casi calentar hasta hacer que se pudiera freír un huevo encima del capó de un coche. Esas son las mañanas preferidas de Nunu. Y Nunu se desperezó sin ganas de hacer nada, porque en otoño le entra la pereza. Antes jugaba a cazar las hojas que caen de los árboles, pero ahora ya no lo hace. Está un poco cansada de todo y otro poco preocupada. Hace mucho que no ve a su bruja, y aunque siempre han sido muy independientes, la adolescente le preocupa. No sabe ver los peligros de la magia que a Nunu le hacen temblar los bigotes, y la gata empieza a pensar que le puede haber pasado algo. Así que se va hasta el almacén, procurando que el bibliotecario no la vea. Porque al bibliotecario le parece bien que Nunu viva en el almacén, pero no le hace tanta gracia que corretee por la biblioteca. Por suerte para él, Nunu ya no corretea. Así que mientras la gata se asoma al almacén, el bibliotecario, que conoce de sobra los paseos que se da, se hace el loco y la deja hacer.  

Nunu empieza a subir las escaleras para llegar a su manta y acurrucarse cuando un ruido le hace mover las orejas. Se da media vuelta y se acerca al ruido, que viene de una de las cajas que movieron hace poco. La gata se acerca a investigar y descubre que una de las cajas está medio abierta. Sin recordar si eso estaba así antes, Nunu toca con la pata la tapa de la caja, que cae hacia atrás y la sobresalta. Ahora el ruido, como de un cachorro llorando, es más claro. Nunu sabe que en esas cajas hay libros viejos, pero también puede oler algo más. Y el olor la tiene intrigada. Se asoma con cuidado al borde de la caja, y se le dilatan las pupilas. 

Efectivamente, hay un puñado de libros polvorientos. Y uno de ellos, más pequeño, está abierto. Tiene las páginas en blanco, excepto un dibujo a tinta que se mueve, al borde de la página. Nunu lo mira atentamente, viendo cómo la pequeña criatura dibujada tiene ya un bracito negro fuera de la página. Poco a poco y sin dejar de emitir esos extraños sollozos, la figura consigue sacar otro brazo, y una vez ha hecho eso, se impulsa para sacar las piernas. Cuando consigue salir del todo, agotada, se deja caer sobre los otros libros. Nunu lo observa atenta, con los ojos, los bigotes y las orejas. Viendo que ha dejado de moverse, se atreve a acercarse y olisquea. El ser huele a tinta, pero también huele familiar. Antes de darse cuenta, Nunu se mete dentro de la caja, todavía olisqueando. Con una pata toca con cuidado a la criatura, que se remueve y solloza de nuevo. Nunu se sienta y acerca al ser, al que empieza a lavar con cuidado. Cuanta más tinta le quita más huele a su bruja, pero no tiene ni la forma ni el tamaño de la bruja. Es mucho más pequeña, y Nunu descubre que le sobresalen unas extrañas alas, sin plumas. Nunu también encuentra unas protuberancias pequeñas en la cabeza, pero no les da importancia. Finalmente se da por contenta, aunque no haya cambiado ni un poco de color, ahora ya huele totalmente a bruja. Nunu se acurruca para echarse la siesta, y abraza al diminuto ser que huele familiar intentando darle calor, como hacía con sus hermanos. 

Justo antes de dormir, recuerda a Mikhail, al que también hace días que no ve. Pero poco a poco el sueño la vence, metida en una caja de cartón, reunida por fin con su amiga.


1 Imagen: Abandon Interior (Mathias Zamecki – 2015).


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