Los videojuegos de pasadas generaciones son todavía jóvenes, pero se sienten viejos. Parece que no están a gusto consigo mismos y cada cierto tiempo se ven empujados a ir al Corte Inglés a por un traje de temporada. No les gusta ser lo que son, así que buscan ser trasuntos modernizados de lo que ya fueron. Se encuentran en una tensión constante por mantener su esencia y a su vez ser sabrosos para los nuevos paladares. Ni siquiera saben cómo llamarse a sí mismos: si remakes, si remasterizaciones, si versiones… Los juegos de pasadas generaciones, que ni siquiera los “antiguos”, están sumidos en una crisis de la mediana edad.

Cuando digo juegos quiero decir, claro, la industria y el público que los reclamamos. Una industria y un público sumidos en una nostalgia que no sabe gestionar. ¿Queremos lo de siempre, pero que parezca lo de ahora? ¿Hasta qué punto? ¿Hasta cuándo? ¿Queremos remakes o queremos remasterizaciones? ¿Queremos avanzar o vivir en un pasado filtrado, remodelado y a 4K? ¿Sabemos lo que queremos?

Este vídeo nos muestra al detalle la versión física de Super Mario 3D All- Stars - Nintenderos - Nintendo Switch, Switch Lite y 3DS

Estamos sumidos es un proceso interminable, en una iteración infinita de revisiones gráficas que lo único que está generando son versiones fungibles que pierden su vigencia con la llegada de nuevas máquinas al mercado. Es lógico que los videojuegos antiguos se adapten a los formatos actuales (resoluciones, controles, etc.) de la misma forma que se reeditan los libros o se restauran las películas a partir de los negativos originales, pero parece que la gran mayoría reclamamos que todo el pasado esté continuamente evaluado por los paradigmas estéticos actuales. Unos paradigmas que mutan continuamente y se volverán añejos en pocos años, por lo que habrá que actualizar todo el pasado de nuevo llegado el momento. Los videojuegos clásicos son, para bien o para mal, obras marmoleas esperando a ser conocidas y redescubiertas; las revisiones, también para bien o para mal, nacen y mueren en el presente.

La cuestión central creo que no es cómo han de consumirse ahora esos videojuegos, si en forma de remake o de remaster, sino en cómo es el acceso al pasado del videojuego. Dicho de otra forma, a cómo se trata el videojuego como cultura, como elemento humano que se transmite dentro y entre generaciones y sociedades. Aunque se remastericen unos cuántos títulos, la realidad es que la mayor parte de los videojuegos antiguos no están disponibles para la inmensa mayoría del público, y otra gran parte sólo están disponibles para quienes son capaces de encontrar los cartuchos originales o tienen la maña suficiente para conseguir emularlos. No es un acceso sencillo, transversal y ordenado, sino que el que podamos jugar a un videojuego clásico depende en gran medida de las particularidades del mercado actual: se traen con un lavado de cara aquellos videojuegos que las compañías creen que todavía son útiles para devolverles un poco más de dinero.

Crash Bandicoot N' Sane Trilogy deja su mejor versión en Xbox One X

Como decíamos, tenemos un abanico muy amplio de formas con las que los juegos han llegado a la actualidad. Recientemente, Crash Bandicoot N’Sane Trilogy y Medievil han abierto un camino algo pantanoso: son prácticamente iguales que los originales en términos conceptuales y mecánicos, pero los gráficos están rehechos de cero tratando de ser fieles al original, pero también al público moderno. Como si los creadores originales los hiciesen hoy en día, se escucha decir de vez en cuando. Las remasterizaciones (a veces llamados remakes) de BluePoint Games son paradigmáticas porque muestran cómo progresivamente, con el paso de los años, han ido haciéndose cada vez más más remodeladores del juego original, ya que pasaron de hacer lavados de cara a sagas como Metal Gear y God of War, a los que mejoraron texturas y resolución, a prácticamente rehacer los gráficos del juego con Shadow of the Colosus y Demon’s Souls, donde parece que ya hay alguna alteración consciente de la idea original. En este abanico de casos, también encontramos las remasterizaciones que ciertos elementos concretos como los modelos de personajes, quizá banalizando aún más a los títulos originales, porque en este caso ni siquiera hay un esfuerzo de reimaginación estética, sino que se parchea aquellos aspectos que se nos hacen feos en la actualidad. Es el caso de la Uncharted: The Nathan Drake Trilogy o la versión de nueva generación del Spider-Man de Insomniac, que proponen nuevos modelos de Nathan Drake y Peter Parker, aludiendo a una mayor coherencia estética en la trilogía o al aparente mayor parecido con Tom Holland, respectivamente.

Recientemente surgió Super Mario 3D-All Stars, que apenas modifican los originales más allá de una adaptación en términos de resolución y la proporción de la imagen, y muchos jugadores clamaron al cielo por ello. Asunto aparte es el precio y las condiciones de lanzamiento, pero ¿qué tiene de malo que, sencillamente, se juegue a esos mismos juegos tal y como se pensaron? ¿Hubiera sido mejor que en Mario 64 hubiese un nuevo modelo de Mario o que las texturas de Mario Sunshine fuesen totalmente nuevas? ¿Necesitamos realmente que eso ocurra o es una necesidad construida por el marketing y nuestras malas costumbres?

Todo esto me lleva a pensar que se es, quizá, un tanto condescendiente con el pasado del videojuego. No se mira este con admiración o retrospectiva crítica, sino como un material amorfo que pide a gritos ser mejorado. Ocurre especialmente con esos primeros juegos en tres dimensiones que sirvieron como puente entre paradigmas industriales y estéticos. Nadie quiere jugar a los juegos originales si hay una versión mejorada disponible en el mercado. Una versión con mejores texturas, con modelos más afines a los juegos que están saliendo, con mecánicas limadas para hacerlas más accesibles a un público más amplio. En el fondo, no necesitamos eso, pero lo queremos de forma casi unánime.

El remake (o, si se quiere, también el reboot) ha sido tradicionalmente una herramienta de gran utilidad para la reimaginación de propuestas antiguas. Esto incluye desde el cover del Hurt de Nine Inch Nails que hizo Johnny Cash hasta el remake de El Cabo del Terror que filmó Martin Scorsese en el 91. Incluye, por supuesto, todos esos videojuegos que han pretendido darle un giro estético, mecánico o conceptual al original, desde el reciente Resident Evil 2, donde se mantiene el núcleo duro del original pero hay grandes cambios estéticos y mecánicos, hasta Final Fantasy VII, que pese a mantener la historia original los mimbres con los que se construye narrativa y mecánicamente son totalmente distintos. El remake (en términos estrictos) pese a que mira al pasado, puede ser también una herramienta de avance. No son el problema, sino que son una opción creativa más, que puede ser más o menos interesante en función de cómo se ejecute.

El debate en el que nos encontramos, creo yo, ha de circunscribirse a cómo se mira y reclama el pasado del videojuego y cuál es la capacidad del jugador medio para acceder a él. Creo que, en ambos casos, hay problemas evidentes. Sobre lo primero, cabe preguntarse, ¿es el pasado del videojuego algo que verdaderamente admiramos y de lo que queremos aprender o es más bien algo que hemos idealizado y echamos de menos, aunque realmente no nos gustaría volver a ello en las condiciones originales? Sobre lo segundo, podríamos preguntarnos: ¿hay una verdadera red institucional y cultural que proteja y estudie el pasado del videojuego o es este realmente utilizado como producto comercial que resurge en un momento en el que se tiene nostalgia de otros tiempos “mejores”? En estas dos preguntas, y en otras muchas más, creo que está el núcleo del problema. No en si una remasterización está un poco mejor que otra, sino en si verdaderamente necesitamos esta actualización continua que no lleva, en el fondo, a ningún lado. Sencillamente, nos hemos malacostumbrado a querer que nos den una capa de barniz a cada obra vieja, y nos importa más el barniz que la propia pintura que hay debajo. Es extraordinariamente difícil encontrar un equilibrio entre conservación y accesibilidad, en especial en un medio tan ligado al avance tecnológico como el videojuego, pero quizá, al menos, haya que empezar a plantearse la cuestión de hasta qué punto el videojuego está perdiendo entidad como cultura bajo los estándares actuales.


Espada y Pluma te necesita


SOBRE EL AUTOR

Un pensamiento

  1. Precisamente estoy “horrorizado” (entre comillas) por el “lavado de cara” de un juego del que me he declarado abiertamente fan en muchas ocasiones; “Prince Of Persia – The Sands Of Time” para PS2. Ya le hicieron una “limpieza” en la trilogía remasterizada en alta definición para PS3, que debería haber mejorado (supuestamente) los juegos originales. La realidad fue muy distinta; “ganó” en algunas texturas, pero perdió en muchas cosas, como el movimiento del agua cuando el Príncipe corre o salta sobre ella, la aparición de bugs que no estaban en los originales y el aspecto general, más “unificado”, pero que precisamente por ello me echó para atrás, ya que perdían identidad, muy especialmente el 1º de los 3 juegos. Si se quiere jugar la mejor versión de Las Arenas del Tiempo, no le aconsejo a nadie que juegue al remaster de PS3, sinó al original de PS2, que es muy superior. Pero lo peor estaba por llegar: Ya se anuncia Las Arenas del Tiempo Remake, vuelto a desarrollar, esta vez con captura de movimientos y gráficos ultrarrealistas generados con captura de movimientos. El juego no pretende elogiar al original, como falsamente nos quieren vender, sinó que busca sustituirlo, adaptándolo a la nueva generación. No en vano es un juego muy querido entre sus fans. Ubisoft se huele el dinero que genera la nostalgia, pero no deja de ser cierto que ha sido incapaz de crear un solo juego igual de bueno que ese, pese a la mejora de movimientos y el sistema de lucha en la 2ª entrega de PS2; todo fue en caída libre. Ya no tenía el encanto del 1º. Tampoco funcionó el “Prince of Persia” (así, a secas) de PS3, con un acabado pictórico interesante pero una jugabilidad nefasta. Y respecto al intento de “Las Arenas Olvidadas”, pobablemente fue el menos malo de PS3, aunque no aportó nada nuevo y se hizo repetitivo en mecánicas, lo cuál lo hacía monótono de jugar. Ubisoft no ha logrado nada que mejore el primer juego, de modo que va a sepultar con nuevas arenas a las viejas, y ni siquiera va a aportar nada nuevo, (o eso se dice) puesto que se va a repetir todo partiendo de cero pero sin mejorar realmente nada, esto es sólo un remozado visual. Gran parte del encanto y la personalidadde The Sands of Time era ese acabado “Disney”; como mover a un personaje de dibujos animados, y también se lo van a quitar. Yo sigo defendiendo el primer juego, antes incluso de que saquen este remake. Intentaré valorarlo con la mente abierta, pero me temo lo peor.

    Me he enrollado mucho…

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