—Bien, apunta: Lo mejor de dos mil veinte, por Nahikari Izquierdo.

—¿Ha habido algo bueno en dos mil veinte?

—¡Pues claro! Unas cuantas cosas.

—Primera noticia. Ya perdonarás mi escepticismo pero…

—Espada y Pluma ha sacado un monográfico. ¡Un monográfico!

—A ver, no te lo niego, que eso está muy bien, pero la cuarentena…

—¡Taylor Swift ha sacado dos discos! ¡Dos!

—Bueno, pero…

—¿Has escuchado evermore? ¿Lo bonito que es? ¡Es como leer una antología de cuentos, a cada cuál mejor! ¡Eso es una cosa increíble!

—Eh…

—¿Y lo mucho que nos ha alegrado la vida Bad Gyal? ¿Eh? ¿La suerte que tengo de no poder salir de casa para no tararear las obscenidades que ha escrito y que tanto molan?

—Pero a ver…

—¡Y no me hagas hablar de la zambullida en la lectura que hemos pegado!

—Me pones nerviosa cuando usas el plural, te recuerdo que estás hablando contigo misma.

—La psicóloga dice que mis diálogos internos son muestra de buena salud mental.

—Tu psicóloga no quiere que le muerdas un ojo.

—¡Ni que le hubiera gruñido alguna vez!

—Bueno, qué decías del leer.

—¿Del leer? ¡Setenta libros! ¡Setenta! Perdida, Momoko y la gata, Camas, La campana de cristal, Sin alma, El ángel más tonto del mundo, ¡Sol de medianoche! ¡Incluso la primera novela de Mundodisco, que se nos atravesó tanto en su día!

—También te has leído La Casa de la Noche.

—¡Y me lo he pasado fenomenal!

—Esa saga es horrible. Es probablemente de lo peor que has leído nunca, y aún y así te has tragado los doce libros. Tienes un cuajo…

—No todo puede ser alta literatura, querida. De vez en cuando necesitamos patatas fritas para soportar la existencia. También leímos la saga de Ulysses Moore, con todos los grititos de alegría que eso nos trajo. ¿Te acuerdas de lo que gozamos Los Maia, y Ensayo sobre la ceguera?

—Aún tienes pendiente un artículo sobre ellos.

—¡Y hablando de artículos! Qué bien lo pasamos escribiendo sobre Parabellum.

—No recuerdo que tú escribieras. Recuerdo que gritabas “PON UNA COMA AHÍ” y dictabas tan rápido que no me daba tiempo a seguirte.

—Bah. Minucias. ¿Y los relatos que hemos hecho?

—¿Y los que hemos dejado a medias?

—Muy pocos, casi nada. Te recuerdo que también hemos escuchado muchos podcasts.

—Creo que te has pasado más rato riéndote que escuchando. No es que me sorprenda, porque escuchar, lo que es escuchar, siempre has escuchado tirando a poco.

—¡Estirando el chicle ¡Deforme semanal ideal total! ¡Nadie sabe nada! ¡El búnquer!

—Deja de saltar y dar palmas, por favor. ¿Tú te acuerdas del confinamiento? ¿De las horas encerradas, escribiendo un trabajo de final de grado que…?

—¡Sí! Qué horas más bonitas escribiendo sobre novela negra escrita por mujeres, ¿verdad? ¿Este año también escribiremos sobre Kinsey Milhone? Porfa, porfa, porfa…

—A veces me pregunto si pasaste realmente horas encerrada en casa o simplemente trascendiste el plano físico.

—Claro que estuve encerrada. Y aburrida. Pero Chloe Ting me hizo mover el culo. Bueno, más que el culo los abdominales, y aún me duelen cuando lo pienso. Por cierto, tenemos que ponernos a hacer ejercicio otra vez.

—Apuf.

—¡Y los aplausos a las ocho! ¡Y las partidas de UNO! ¡Y las videollamadas con amigas! ¡Y…

—¿Y…?

—Y… ¿La sensación de libertad al poder salir? ¿El primer paseíto que pudimos dar, después de tanto tiempo? ¿Las reposiciones de Aquí no hay quien viva? ¿Los vídeos de PutoMikel? ¿Las restauraciones de Baumgartner? ¿La música de City Girl, el nuevo disco de Mae Muller, el de Varry Brava? ¿Los comentarios de los videos de l0user, donde todo el mundo se ponía a escribir historias muy cortas, basándose en las canciones que sube? ¿El anuncio de la primera temporada de Helluva Boys? ¿El anuncio de que vamos a poder ver más Teen Wolf, que es el deseo que nunca nos atrevimos a pedir en voz alta? ¿Las risas que hemos echado viendo a Micarah Tewers hacer vestidos? ¿Los vídeos sobre la saga Crepúsculo que sube Synthetic Rose? ¿Los maratones que hemos hecho de BuzzFeed Unsolved? ¿Todas las ideas meticulosamente apuntadas para escribir este año? ¿La lista de libros para leer? ¿Las ganas de hacer más cosas en dos mil veintiuno y hacerlas con más ganas y mejor humor? Todo eso tiene que contar para algo.

—Bueno, vale. Pero vas a tener que repetirme todo desde el principio.

—¡Te he dicho que lo fueras apuntando!

—¡Hablas mucho!

—¡Pues apunta rápido! A ver, primero lo primero: toda la gente que nos lee y apoya a Espada y Pluma, que este año han sido, como siempre, majísimos, y les queremos un montón…

—Pero esto no lo habías dicho antes.

—¿Y tú cómo lo sabes, si no estabas apuntando?

—¿Sabes qué te digo? Escríbelo tú, que eres la lista que todo lo sabe.

—¡No, no, no te vayas! ¡Eh! ¡Hola! ¿Hola…?  


Espada y Pluma te necesita


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