No sé bien cómo se hace una persona. A ver, la parte física sí la tengo clara. La parte emocional de desarrollo de personaje es la que me interesa.

Siempre es más fácil ver cómo se hacen las demás que hacerte tú. Es más divertido reírte con ellas cuando te cuentan sus meteduras de pata entre risas, y es más fácil consolarlas cuando lo necesitan. Es menos divertido meter la pata, pensar que lo has estropeado todo y que el mundo se te viene encima, y es bastante complicado encontrar la forma de digerirlo y que, cuando pase (porque todo pasa, al parecer) te puedas reír. Es más difícil pasar angustia y ansiedad, y llorar de desesperación o de tristeza, o porque crees que te rompes por la mitad. Y todo eso son experiencias formativas, de empatía y desarrollo social, pero también de tu propia persona. Cuando veo Ponyo en el acantilado lloro siempre, soy una blanda; no soy capaz de ver Kill Bill sin sentir hastío existencial; tengo una conexión emocional profundísima con Johanna Morgan y si te atreves a mirarla mal o a pensar ligeramente mal de ella te la verás conmigo y con mis dientes.

Ahora mismo tengo una ligera idea de cómo se ha hecho esta chica que soy yo. Hay cosas que no me han acabado de quedar claras y otras que aún no he mirado, pero tengo una idea general. Luego está el tema de que siento que aún estoy en construcción, así que es normal no saber del todo cómo me he hecho. ¿Y a quién le pregunto? ¿Cómo se hace una chica? ¿Quién me lo aclara sin matarme en el intento? Pues una de mis novelas favoritas. Deberían recomendarla para todo, un poco como la teletienda:

¿Estás triste? ¿Estás angustiada? ¿Necesitas una amiga? ¿Quieres ver una experiencia formativa brutal y particular que probablemente te hable a la cara? Cómo se hace una chica es tu novela, cariño. Es que no soy una chica. ¿Sabes leer? Pues lee Cómo se hace una chica.

He revisitado a Caitlin Moran, Johanna me ha abierto la puerta de casa y me ha llevado a un bar y, mientras nos tomábamos ronda tras ronda, me ha vuelto a contar su adolescencia. Y nos hemos reído juntas con su forma de contar las cosas, la he intentado abrazar cuando me contaba las cosas tristes y angustiosas, pero me ha recordado que eso ya no pasa, que ya no está en ese punto vital. Me ha mirado diciendo con los ojos “Y ya sabes lo que eso significa“. Nada sigue igual, todo cambia, todo tira adelante, y la vida sigue. Y tú, chica en obras, vas a seguir con la construcción, hasta que puedas quitarte los andamios y al mirar hacia atrás puedas contar tu historia de cómo te hiciste. Cómo se hizo esta chica.

Sí, incluso si no eres una chica.

Espada y Pluma te necesita


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