Os lo voy a decir: en mi barrio no había ninguna librería.

Quiero decir, hubieron, pero tuvieron que cerrar, porque con la crisis (la del 2008, no esta), la gente compraba antes comida que libros. Por lo que sea. El caso es que aquí la única que sale perdiendo es la cultura (bueno, y la población, claro, que deja de poder comprar libros que no estén en la papelería, y a la papelería llegan los libros que llegan, por majísimos que sean y mucho que los queramos), y en mi barrio perdió mucho. Llegado un punto, la única librería del barrio era una de libros de segunda mano. Sobrevivió la que más, claro, libros baratos sí nos podemos permitir, y de hecho la librería funcionaba. Funcionaba como para tener varios dependientes haciendo jornadas de trabajo dignas y pagadas en condiciones. Les subieron tanto el alquiler del local que tuvieron que irse. Y lo sé porque me lo dijo la dueña de la librería, al borde de las lágrimas. No le pregunté si eran lágrimas de tristeza o de rabia, estaba ocupada mordiéndome los labios para no llorar yo también. ¿Sabéis cuánto dinero me había gastado en esa librería desde que la abrieron? A poquitos, ahora un libro, ahora dos, ahora tres, mira hoy tengo dinero y me llevo cinco. Era un espacio seguro para esa Nahikari comida por la ansiedad y el estrés que aterrizaba allí tras un día de universidad horrible.

El barrio (y yo, porque a estas alturas no os voy a engañar: estas columnas las escribo para hablar de mí) se quedó huérfano de librería. 2019 y 2020 han sido dos años (DOS AÑOS) en los que no ha habido librería en un barrio que forma parte del kilómetro cuadrado más densamente poblado de Europa. Lo he pasado fatal, no os voy a mentir.

Pero hace nada me comentaron, de pasada, que ha germinado algo que igual me interesaba. He salido (cosa que hago poco porque hay una pandemia, no sé si os habíais enterado), la he visto y casi lloro. Se lo he contado ya a todo el mundo, pero lo voy a decir también aquí, porque las buenas noticias hay que compartirlas. Y el comercio de barrio, cuidarlo. Así que os comento:

Han abierto una librería en mi barrio. Tengo nuevo restaurante de comestibles literarios.


Espada y Pluma te necesita

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