Eres un joven vivaracho y esperanzado, con ganas de dejar impronta en la investigación científica y la suficiente energía e insensatez como para empezar un doctorado. No eres un crío, conoces el mundo que te rodea, pero no sabes muy bien cómo funciona aquello, porque nadie te lo ha explicado (porque nadie tenía ganas de explicártelo). Deduces que será difícil, porque en la carrera alguien te había dicho que era difícil; que será duro y necesitarás constancia; que habrá baches, porque evidentemente nada en tu vida ha salido a pedir de boca. Y todo eso es cierto, pero lo que nadie quiere decir, quizá por frustración, es que el centro neurálgico de la comunidad científica, que es la publicación y difusión de hallazgos, está funcionando en base a un sistema con engranajes mohecidos y perversamente diseñado por una industria que tiene como última consideración los propios investigadores.

Comienzas el doctorado sin beca ni contrato, que quedan reservados para un reducido grupo de santos tocados por Dios. Pese a que no tienes un mendrugo de pan que llevarte a la boca, prefieres comer un poco menos y echarle las horas que haga falta. Quizá así algún año haya más suerte. Tu director de tesis, encanecido y cultivado en otros tiempos, costumbres y valores, te habla a pesar de todo de que lo importante es publicar; publicar, antes que investigar, de hecho.

Los artículos hay que escribirlos uno con cada mano, que es lo que da puntos y oportunidades.

En el plan de trabajo para el doctorado señalas que el primer año será para aprender, y si acaso ya empiezas el tercero a redactar. Sabes que no va a ser así. Empiezas produciendo y terminas produciendo. Artículos. Papers. Eso es lo que te dará, con no poca suerte, cierto estatus y oportunidades para prosperar.

Es lo que hay. Es así.

Artículos vistosos, que busquen ser citados. Artículos que salen con más celeridad y eficacia que reposo y calidad. Cuando empieces a publicar entrarás en un sistema que te asigna un índice investigador en base a algoritmos.Dejas el instituto y la carrera con la única constancia de que te marcaron al rojo como una res con unas calificaciones imborrables, para después entrar en un sistema donde se valora a investigadores, artículos y revistas también en base a rankings, tops y listas que pretenden sistematizar y lo único que hacen es banalizar la investigación, repartir injustamente las oportunidades y crear ansiedades. La ciencia actual es como un mal videojuego. Te dicen que esto funciona por méritos, pero es evidente que en la cúspide de la pirámide lo que encontramos son catedráticos ególatras y despóticos, profesores puestos a dedo y los mismos hombres sobrevalorados de siempre. El canon es que la ciencia funciona en base a la solidaridad, el compañerismo y la eficacia de una comunidad que teje redes internas; pero la realidad es que buena parte de la ciencia funciona en base a la competencia voraz, las trampas disimuladas y las zancadillas al colega.

Una vez que has producido borradores de artículos, hay que publicarlos. Cuando la lógica del resto del mundo dice que por publicar en un espacio se te ha de remunerar, la realidad es que los equipos investigadores tienen que pagar indecentes cantidades de dinero por hacerse un hueco en una revista de medio pelo. Hablamos de cientos o miles de euros. Eso, o ser el mejor para colar tu artículo en una revista donde la publicación sea gratis, pero donde hay mucha más competencia. Aquí está otro sesgo importante: quien tiene dinero, tiene mucha más facilidad para publicar porque se libra de gran parte de la competencia. ¿Cómo no iba a tener además la revista un trato preferente por ti si se embolsarán con tu publicación 2000€? Además, es muy común que cueste un dinero, quizá 25, 50 o 100€, acceder a cada artículo ajeno por parte de los investigadores. Hoy en día nadie lo hace porque existe Sci-hub, un liberador de artículos pirata que te permite acceder a ellos, una bendición pero también una muestra clara de que el sistema actual está completamente roto. El absurdo no acaba ahí, porque ni siquiera los editores (quienes deciden si un artículo es interesante o no para la revista) y los revisores (todos los artículos han de ser revisados por expertos en la materia) suelen cobrar un duro por esa labor. Se suele cobrar, a lo sumo, en forma de ventajas y favores dentro de la propia revista. Parece ridículo que un trabajo tan clásico, serio y sistemático como es la edición y la revisión científicas esté sometido actualmente al tiempo libre de los investigadores.

Creo que queda claro que el sistema de investigación español y la publicación científica actual son monstruos que asustan. ¿Cómo iba a ser justo y meritorio un sistema que segrega descaradamente en función de las capacidades económicas de investigadores y equipos? Primero, para hacer un doctorado o ser investigador sin contrato (la realidad de la mayoría) necesitas un apoyo económico detrás; si no lo tienes, tendrás que dejarte la salud en pos de un sistema que no tendrá reparos en descartarte a la mínima de cambio. Segundo, una vez te dejas la salud en producir artículos con más velocidad de la recomendable, te encuentras el absurdo máximo en el sistema editorial.

Se habla de la ciencia como un ente abstracto, como una maquinaria que funciona por la inercia de la curiosidad humana. Literariamente puede ser eso, pero realmente es mucho más que eso. La ciencia son currantes sin consideración, jóvenes explotados, segregación económica, sesgos editoriales, sistemas de valoración anticuados, deshumanización, tiranías, despotismos y nepotismos. La comunidad científica puede ser la vanguardia de la innovación y el conocimiento, pero sufre todas las dolencias del actual sistema socioeconómico, además de otros muchos males endémicos que se han enquistado en sus raíces.

No tengo, como de costumbre, ninguna solución, pero sé que todo ha de empezar porque la base de la pirámide, los investigadores jóvenes, tomen conciencia de esta situación y tengan herramientas suficientes para hacerle frente en el futuro. Hay que cortar la primera cabeza a la Hidra.


Espada y Pluma te necesita


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