No sé vosotros, pero a mí de pequeña me encantaba disfrazarme.

De pequeñas jugábamos a todo, especialmente a los referentes que teníamos. Y nos encantaba meternos en las historias y crear nuestros propios personajes, imaginando cómo seríamos en los mundos que veíamos. Como niña de los 2000 crecida en Catalunya (porque no sé qué onda en otras comunidades), yo tenía dos referentes de hadas muy marcados: las W.I.T.C.H. (mis favoritas, reinas y señoras del mundo presente y todos los paralelos, os recomiendo todos los cómics), y las Winx. Las Winx me gustaban menos por la trama, pero tenían unos modelitos bastante chulos. Bad Gyal tiene mi edad, y si algo me deja claro el videoclip de 44, es que le gustaba jugar a las Witch igual que a mí. Y que las leía.

Y si no, pues me lo saco de la manga, que al fin y al cabo esto es mi reflexión sobre su estética, yo que sé, tengo en la pared un título que me acredita para hacer estas afirmaciones sin ponerme colorada.

En el videoclip vemos a Bad Gyal llevando tres outfits. El que me resulta menos interesante es el segundo, un dos piezas azul cian con un pañuelo de gasa con el que juega. La reminiscencia a Jasmine es tan bonita y evidente como cualquiera. Tengo que admitiros que la peluca no me fascina, pero es que es el conjunto más clásico y relajado de los tres, así que se lo perdonamos. A partir de aquí, Bad Gyal es una princesa (probablemente una que nos ha salido de Las Mil y una Noches y nos está contando una historia que no va a acabar antes de que salga el sol). Ese outfit está situado en un entorno puramente dorado, y llamadme loca, pero eso refuerza la imagen de princesa exótica. Me parece una forma bastante sencilla de hacer toda una referencia a la idea anticuada de las princesas árabes, manteniendo toda la fuerza de los last-90-early-2k de Bad Gyal.

Los otros dos outfits están prácticamente encerrados (sin el prácticamente, y esto NO ES CASUAL). Si empezaba hablándoos de las WITCH no era por nada: es que el outfit en el que está sumergida en agua, toda esa escenografía me retrotrae directamente al personaje de Yua, uno de mis personajes favoritos de los cómics. La banshee secuestrada al servicio de un jefe que la mantiene cautiva en una pequeña charca llena de flores. Yua es un personaje que viste con una especie de túnica y todos sabemos a estas alturas que si Bad Gyal fuese una banshee no llevaría una túnica, así que como la nereida mística que es, lleva un bikini de pedrería. Y por algún motivo, sí que consigue el vibe de hada malvada con la que no conviene hacer un trato, cubierta de pedrería en lugares inverosímiles, como las uñas y el pelo. Tiene un aire de experiencia disfrazada de inocencia, como si todo el voltaje erótico que tiene Bad Gyal en realidad la pillara por sorpresa. Como los colores de una venus atrapamoscas que prometen una flor preciosa en la que aposentarse… Hasta que ya no hay posibilidad de remontar el vuelo y además te están digiriendo.

Y ya que hablamos de flores, de hadas y de bikinis, pasemos al tercer outfit y la importancia que tiene Winx Club. En el caso de las Witch encontramos muchos más tonos fríos que cálidos, casi desde el principio. Kandrakar es blando, las sombras son azules. Los trajes son verdes y morados, y su primera misión, en Meridian, está dominada por los colores azules y verdes de los Murmurantes, los esclavos nacidos de flores y plantas. En los cómics de Winx Club encontramos muchos más tonos cálidos. Verdes y azules también, por supuesto, pero casi siempre neutralizados con un tono cálido (como en el caso de la protagonista, Bloom, vestida de azul… Pero pelirroja). Una de las protagonistas más icónicas es Flora, el hada de las flores. Su vestido, rosa y verde, hoy sigue siendo icónico. Y estaría ciega si no apuntase la clara referencia a ella en el outfit de flores rosas. Todo ello grita a la primavera, porque Bad Gyal ha dejado de ser el hada traicionera del agua, y ha pasado a ser el hada de las flores, segura y exuberante, llena de energía, de color, que mira a cámara desde el momento en el que esta la sorprende, y se niega a no divertirse u ocultar la fuerza de su color. Si las armas de la Gyal del agua son sus uñas y su inocencia impostada, las de la Gyal rosa son sus ojos dulces y sus movimientos enérgicos. Como una planta que crece, se niega a cambiar el camino una vez lo ha empezado a recorrer, convencida del rumbo que sigue.

44 es probablemente el videoclip que más veces he visto y, si fuera un poco más ducha, os haría un plano a plano… Pero como me cuesta mucho no gritar cada vez que veo un vídeo de la Gyal, me conformaré con un textito como este, que tenga un poco de sentido y pueda acabar diciéndoos que, una vez más, Bad Gyal es una princesa y un hada mística, y que me hallo completamente rendida a sus pies.

Salve Bad Gyal.


Espada y Pluma te necesita

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