Me encanta el otoño. En cuanto empiezo a notar que ya no me voy a derretir empiezo a fantasear con ponerme manga larga y arrebujarme en una manta ligera. Me apetecen bebidas calientes a media tarde y me apetece bizcocho de calabaza. Y lo más parecido a mi bizcocho de calabaza favorito ha sido leer Crónicas Funestas.

Mi bizcocho de calabaza favorito lleva canela y nuez moscada, y eso lo hace un poquito picantón, spicy, le da una chispa deliciosa que anima muchísimo al bizcocho y a mis papilas gustativas. Al mismo tiempo es dulce, por la calabaza, y suave como un buen bizcocho de yogur (el de mi abuela). Es un bizcocho que parece una manta suave y reconfortante, que le choca los cinco a mi paladar.

A lo mejor no sabéis qué es Crónicas Funestas, pero no pasa nada, yo os pongo al día. Crónicas Funestas es una saga de novelas cortas en las que encontramos a Coso Abripio haciendo cosas. Me gustaría deciros qué cosas hace, y creo que lo resumiré en meter la pata, amasar pan, intentar hacer el bien y hacer el bien un poco mal… Y tener los pies feísimos, eso también lo hace, pero no queremos hablar de ello. Podéis encontrar Crónicas Funestas en Lektu, cada libro por separado o todo junto, y yo puedo deciros que lo mejor es cogerlo todo de una vez, para poder acabar con un libro y meterte de lleno en el siguiente, puedo asegurar que eso mejorará vuestra calidad de vida en un 200%. También os recomiendo que si cogéis el libro en físico lo leáis apoyándolo en alguna parte, porque es de tapa dura y tiene más de ochocientas páginas.

Crónicas Funestas tiene un personaje principal al que quizá no llevarías a todas tus fiestas, pero que convierte tu vida en un lugar mejor. O al menos, en un lugar un poco singular. Este libro, me ha dado el mismo tipo de abrazo que me da el bizcocho de calabaza: uno calentito, apretado y dulce, especialmente dulce porque pica un poco, lo suficiente como para querer llorar (primero porque te has encontrado un montón de especias juntas al remover de menos la masa por mirar el móvil, después porque ya no quedan ni las migas del bizcocho).

No es la primera vez que hablo de Angela Porras (Lorzagirl) aquí, ya lo sabéis, y quizá sea porque llevo muchos años leyéndola, o quizá porque me gusta muchísimo cómo escribe, pero probablemente sea porque escribe bien, escribe bonito y sabe todas las cosas que quiere decir. Me gusta que los personajes que me ha presentado en el libro huelan a persona, que parezcan, pese a que sea de forma breve, mucho más reales que los de novelas que dedican muchas páginas a la construcción de los personajes. La cantidad no va de la mano con la calidad, y este me parece el ejemplo perfecto. Los personajes de Crónicas Funestas son personajes que se equivocan, que tienen miedo, que se agobian y se angustian, que se queda quietos cuando deberían moverse, pero que aprenden a correr y plantar cara cuando deben hacerlo. También son personajes que tienden la mano, que anhelan y que no lo hacen en voz alta por temor a ser vulnerables. Y lo mejor de estos personajes es que están escritos de la manera más tierna posible, una forma de escribir que es la masa que une y transforma todos los ingredientes, convirtiéndolos en el mejor bizcocho posible. Crónicas Funestas destila ganas de contar una historia, como una madre contando un cuento antes de dormir. Un cuento que conoce desde hace tiempo y que cuenta de forma ligera, para que te duermas, pero un cuento que también le encanta contar y que se emociona explicando, al que tiene mucho cariño. Y eso hace que, al final, aunque te hayas dormido un poco antes del final, siga contándose a sí misma el cuento, al salir de la habitación y mientras ella misma se acuesta.

Crónicas Funestas está escrita con la comprensión de fondo de que las historias, como la vida, nunca terminan del todo. La vida siempre sigue, siempre hay algo más que contar, el presente no termina nunca. Y eso es algo bastante interesante, bonito y melancólico a la vez. Porque la muerte no es ningún final, simplemente es algo que le ocurre a alguien, mientras todos los demás seguimos adelante, porque seguimos aquí. En Crónicas Funestas hay que tener claro que la vida sigue, y que aunque a veces estemos en Equile, a veces en Möho, a veces en Advenä y a veces en Saltre, en todos los lugares la vida ha seguido, sin esperarnos. Es una certeza un poco picante, que otras muchas novelas dejan en el aire en el que muchos, muchas veces, preferimos no pensar, pero está ahí, y su autora nos lo trae, por suerte para todas, incorporada en una delicia dulce y esponjosa, que hace que no haya angustia mientras leemos todo lo que tiene que contar.

Aunque a lo mejor a veces gritemos un poco por lo bajo y nos riamos cuando nadie mira, como todo en esta vida.


Espada y Pluma te necesita

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