El 6 de enero de 2017, Anna Caballé se preguntaba si la escritura del yo no habría llegado ya a hartar al público. Las biografías pero, sobre todo, las autobiografías, podrían ser ya un género en extinción, al menos en cuanto a público lector se refiere. Pero puede que, simplemente, Caballé se estuviera fijando demasiado en la forma más convencional de la autobiografía, de la presencia del yo, que probablemente sí haya cansado un tanto. ¿Qué hay de otras maneras de presentar el yo, o la experiencia vital? ¿Eso también ha cansado al público?

Quizá Keeping up with the Kardashians (2007-2018) no es la mejor obra de los últimos veinte años, pero igual que las familias Osbourne y Manson, han cambiado la manera en la que el público accede al relato de la vida ajena. Desde la televisión, el medio más accesible para prácticamente todo el mundo, estas familias han expuesto su vida diaria, haciendo interesante lo que en otros contextos no lo sería en absoluto. Esto sigue, en cierto modo, la misma lógica por la que resultan atractivas o interesantes las biografías y autobiografías: se presenta una oportunidad de aprender, pero también de satisface la curiosidad sobre la vida ajena. El éxito obtenido ha repercutido positivamente para la familia, pero también ha abierto las puertas a todos aquellos que exponen su vida, en mayor o menor medida, incluyendo a los bloggers que hablan de su experiencia e incluso a los influencers actuales, cuyo éxito sigue el mismo patrón que el de las Kardashian: generan curiosidad. Había bloggers ya en el momento en el que las series sobre las familias se lanzaron, por supuesto, pero eso no quita que este formato de telerrealidad hiciera más sencillo para el público aceptar que una persona les contase lo que hacía en su vida. En este caso, el foco lo situaremos sobre un blog, el de Lorzagirl.

El caso de Lorzagirl es posterior al último episodio de The Osbournes, empieza el 31 de julio de 2005. Su primera entrada ya marca el estilo humorístico, en primera persona, autoreferencial y autoirónica. Esta entrada, “Empieza la cuenta atrás”, habla sobre cómo su próximo cumpleaños va a significar un cambio en su vida. Basa su blog precisamente en eso, en el relato de sus experiencias recientes. En ocasiones, el relato es tan reciente que se actualiza con el paso del tiempo (como en su cuenta de Twitter pero, principalmente, en el blog), de manera que habla desde el presente, que pasa a ser pasado en el momento en el que hay otro presente que lo actualiza y sustituye (Olney nos habla al respecto en su artículo “Algunas versiones de la memoria”). La forma de narrar bien puede basarse en sagas de entradas, explicando el presente a medida que avanzan los acontecimientos (siendo publicadas inmediatamente o a posteriori), como ser entradas sueltas en el blog, relatando algo que ha ocurrido. Como ejemplo de esas sagas podríamos ver la referente a los viajes a Eurodisney, que comprende entradas de 2012 y 2017, pero podrían ser tratadas como el primer y el segundo arco de la saga. En ese conjunto de entregas se narran diferentes partes de los viajes, los distintos días y las diferentes actividades y anécdotas que tienen lugar. Sin embargo, en la Saga del macarrón (2006) se nos actualiza a diario una única anécdota.

21 de febrero 2006:

[…] Para hoy voy a hacer macarrones.

Un puñaito para mí.

Un puñaito para Hermano Mediano, que siempre dice que no viene a comer pero al final aparece.

Dos puñaitos, mejor.

Un puñaito para Hermano Pequeño.

Otro puñaito por si Russell Crowe descubre que soy el amor de su vida y decide venir por sorpresa a pedirme que me fugue con él.

Otro puñaito por si alguien repite.

Otro porque seguro que se me achicharra la capa de arriba y hay que quitarla.

Otro para la de abajo.

Que leches, el paquete entero… […]

24 de febrero:

A los macarrones les ha salido una capa verde por encima.

-¿Qué es esto? -ha preguntado Hermano Pequeño.

-Es el socarrat -le digo, y con la mano a la espalda cruzo los dedos.

Hermano Pequeño me mira como intentando recordar si en el gimnasio me dan clases de kick boxing, y si hace mucho tiempo que empecé, y si en algún momento me he manifestado en contra de la violencia física.

-Vale -dice al final.

Sabía que el kick boxing acabaría sirviéndome para algo.

25 de febrero:

[…] -Hoy no puedo comerme los macarrones -dijo Hermano Pequeño.

-¿Por qué? ¿Están fríos?

-No. Es por el socarrat.

Mierda, pensé. Me ha pillado.

-¿Qué le pasa?

-Que ha crecido.

-Bueno, si no te gusta, lo apartas.

-Lo he intentado, pero el pitufo de dentro se ha defendido.

27 de febrero:

Hoy vuelven mis padres de sus vacaciones/fuga.

Espero que lleguen a tiempo para el almuerzo.

Y que les apetezca comer macarrones.

En el caso de las entradas autoconclusivas, el episodio que se explica es más corto en el tiempo, o bien la propia autora lo ha considerado de carácter más anecdótico y ha resuelto explicar lo ocurrido o reflexionar sobre ello en único texto. Es el caso, por ejemplo, de la entrada “La bombilla del baño”, del 26 de mayo de 2017:

Después de años de leal servicio la bombilla del baño ha optado por fundirse.
A mí realmente me da igual porque hace años (4) que no me miro en el espejo de casa más que para hacerme selfies, pero a Nena-chan lo de hacer pipí a oscuras como que no le parecía lo mismo.

Que tiene 4 años. Mea más tranquila si no tiene que poner el culete en un agujero negro.

ZaraJota cambió la bombilla y por una vez no rompió el plafón y yo se lo agradezco mucho, porque estoy engordando y no me viene bien ir a Ikea a comer perritos.

Al día siguiente Nena-chan descubrió que la bombilla volvía a funcionar.
-Yo creo -me dijo muy seria- que ayer estaba rompida porque me disiste muchas veses “lávate los dieeeeentes, veeeeeenga, lávate los dieeeeentes, que nos tenemos que ir al cooooole”.

Me dio mucha penita. Es que jo, desde pequeñitos los culpabilizamos y los responsabilizamos se todo [sic]. Si no haces esto, tal. Si no haces eso, cual. Al final, los pobres acaban cargando el peso del mundo sobre sus hombros.

-¿Crees que la luz se ha roto porque no me hiciste caso? -le pregunté, con la lagrimilla colgando.

-Nooo -contestó-: se ha rompido porque eres muy pesada.

Gracias, ya me siento mejor.

Antes de establecer si el blog de Lorzagirl puede ser considerado una autobiografía o no, quizá resulta conveniente evidenciar que, en cualquier caso, sí es una escritura del yo. Se narra en primera persona, explicando lo que ha vivido o está viviendo. Además, en este caso se identifican narrador, personaje y autor, hasta un cierto punto. No conocemos el nombre detrás de Lorzagirl (o no lo hacíamos hasta hace poco), pero este pseudónimo o nickname nos sirve para nombrar e identificarla, quizá de forma más precisa que un nombre propio y unos apellidos. Ella se denomina así, y las personas que dejan comentarios en el blog también lo hacen. De manera que podemos identificar en Lorzagirl una voz propia, una personalidad y un personaje que protagonizan las anécdotas que se explican en el blog. Se representa a sí misma, en una simulación paródica. Además, hay otras personas en su vida a las que también da pseudónimos, como su marido, que usa el nickname de ZaraJota, sus hijos, Nena-chan y Nene-kun, o sus hermanos, Hermano Mediano y Hermano Pequeño. Al haber un tratamiento igualitario para todos los personajes que aparecen, se le resta relevancia al hecho de que no conozcamos los nombres reales, porque, al igual que Lorzagirl, son identificables. Ahora, ¿podemos decir que es una escritura autobiográfica o estamos hablando de autoficción como tal?

Siguiendo el planteamiento de Lejeune (El pacto autobiográfico), debemos haber leído algo que no sea autobiográfico o que al menos no tenga intención autobiográfica para poder denominar “autobiografía” un escrito concreto de un autor. En este caso podemos comprobarlo en el mismo blog. Cada Halloween, Lorzagirl hace un relato sobre una vieja y malvada bruja (a la que este año quizá hayamos visto por última vez). Estos escritos podrían ser ya en sí mismos una muestra de su escritura, pero también podemos encontrar los relatos sobre Villamatojo, o Quiero volver.

Además, es evidente la intención autobiográfica tanto del blog en sí como del libro (Vayamos por partes). En la entrada del 25 de julio de 2010, “5º aniversario”, habla de cómo su abuelo, antes de morir, empezó a escribir unas memorias para que todo lo que había vivido no desapareciera. Y ella dice Quería dejar constancia de lo que hago, poder algún día mirar para atrás y decir, eh, he hecho algo con mi vida… aunque en su mayor parte sean tonterías. Esto lo dice también en el prólogo de su libro. La anécdota de su abuelo intentando contarlo todo la empuja a escribir al día. Por lo tanto resulta evidente la voluntad de dejar el legado a la posteridad, así como de mantener una especie de registro de aquello que le ocurre, pero desde el mismo presente, que a veces vuelve la vista atrás para contar algo ya ocurrido tiempo atrás, o se vuelve autoconsciente y se explica a sí mismo. Así, el presente se convierte en presente siempre, borra la concepción del pasado porque sigue accediendo a él como algo contemporáneo, pero no la del futuro, al que se mantiene abierto. Esto contrastaría con las ideas de Olney, que señala la posibilidad de que el presente ocupe el lugar del pasado y el futuro (que no existen, ya que vivimos el presente en todo momento), y no se plantea un presente que mire al futuro y a la posibilidad. Para Alberca, probablemente este blog sería un ejemplo de un “pacto ambiguo”: el lector asume que hay elementos ficticios dentro del relato, y que quizá no los identifique todos, pero en cualquier caso, la sospecha está prevista y es fundada.

¿Podríamos decir que esto es autoficción? Hasta un cierto punto, quizá. Lorzagirl no inventa (por lo general), las cosas se le ocurren, pero es evidente que las adorna y las narra de manera que el humor se mantenga presente en el relato. Sin embargo, no lo hace de la misma manera en que lo hacen Groucho Marx en Groucho y yo o Caitlin Moran en Cómo ser mujer. El primero utiliza el humor de tal manera que la autobiografía se convierte en una crítica al yo pasado, a los errores cometidos y al entorno. En lugar de un alivio cómico tenemos una comicidad punzante, que señala y evidencia aún más aquello que se critica. Y sí, Lorzagirl lo utiliza así también, pero la función del humor se mantiene en el alivio cómico, incluso en la naturaleza del discurso, forma parte del modo en que se narra. Por otro lado, Caitlin Moran utiliza la propia experiencia y el humor para reflexionar acerca de temas que le han marcado, y quizá Lorzagirl se parezca más en ocasiones a este estilo de discurso, aunque sin ser tan ensayística como Moran. Siguiendo la comparación con Moran, el blog de Lorzagirl podría parecerse a la novela Cómo se hace una chica. Caitlin Moran señala que no es una autobiografía, pero resulta evidente (sobre todo al leerla en paralelo a Cómo ser mujer) que está inspirada en la vida de la autora. Así pues, el grado de ficción que Moran utiliza para construir una novela a partir de algunas de sus experiencias de adolescencia es también bastante similar al que utiliza Lorzagirl a la hora de relatar sus experiencias en las entradas del blog. Añade humor, pero también una importante parte de ficción o exageración, que ella misma hace evidente y hace dudar, como en el caso de Groucho y yo sobre el lugar en el que se sitúa el límite entre lo narrado y la realidad. El peso de la simulación no es tan grande como lo sería para G. Genette, que se inclina hacia la invención de una historia falsa cuyo protagonista y narrador es el autor (Ficción y dicción), pero la simplificación de Genette a una fórmula tan sencilla como esa parece quedar un poco pobre. En este caso la obra se mueve en un terreno aún más incierto: no inventa historias que no han ocurrido, y quizá para Genette no deberíamos hablar de autoficción sino de un autorelato ficcionalizado, un relato maquillado de la realidad.

Sin embargo, ¿qué ocurre con algunas de las entradas de, por ejemplo, la Saga del macarrón anteriormente citada? En la entrada del 26 de febrero, Lorzagirl narra una conversación con el pitufo de los macarrones, que obviamente es ficticia. En este caso, resulta interesante mencionar a Reisz (“Formas de la autoficción y su lectura”), cuando habla de que el “pacto ambiguo” que se atribuye a la autoficción entra en colisión con una suerte de “pacto ficcional-fantástico”, que no permite entender lo relatado como efectivamente ocurrido y […] tampoco permite relacionar la historia de modo directo con la vida del autor […].

Sí, es posible que Lorzagirl hiciera macarrones para una semana, y que lo reflejase, pero es más que evidente que la conversación con el pitufo no ocurrió en realidad. Así pues, Lorzagirl utiliza la autoficción y, como Borges, la lleva al extremo, rebasando el límite e incorporando elementos puramente ficcionales en una anécdota cuya narración ya estaba maquillada.

Parece obvio, por lo tanto, que la naturaleza híbrida del blog de Lorzagirl es una forma nueva de presentar la experiencia y la escritura del yo. Y es posible que este blog sea un muy buen ejemplo de esta nueva forma de enfocar la narración de la vida. Una narración con humor, del día a día, con una parte de autoficción, pero sobre todo con la capacidad de adaptarse a los cambios y a la novedad. Esta forma de escritura del yo, además, por el medio en el que toma forma, permite no sólo aportar material audiovisual tanto en la plataformas de Blogger y Youtube como en redes sociales (ya sean Instagram o Twitter), sino que se produzca una interesante intertextualidad con otros autores y otros perfiles, que interaccionan en tiempo real. Esta adaptación puede que permita que la escritura del yo y la comunicación de la experiencia del yo se mantengan en el panorama del siglo XXI.


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