Primero de todo, he de advertiros de que si venís buscando leer acerca de cosas relacionadas con el año 2021, podéis dejar de leer. Confiad en mí, no merece la pena. En serio. Y bueno, ahora que seguís leyendo quienes de verdad confiáis en mí, y sólo vosotros, podemos empezar. ¡Bienvenidos a cosas relacionadas con el año 2021! Aunque no tengo muy claro si es ciertamente con ese año. Me desquicia saber —o creer saber— que el tiempo es diferente para cada ser consciente; es un verdadero fastidio.

Mi primer texto en Espada y Pluma fue publicado el cuatro de febrero de 2019. En los días próximos a la publicación de estas letras que estáis leyendo, hará tres años de esa fecha; y en consecuencia, dará inicio mi cuarto año en ésta, la mejor revista cultural de habla hispana que existe o ha existido. Perdonad que me ponga tan hiperbólico, pero no tengo ganas de desenredar la hipérbole y soltar alguna lagrimilla en el proceso. Y es que a menudo, leyendo a mis compañeros y compañera, caigo —y recaigo— en la cuenta de que las mejores voces actuales puestas en páginas webs, textos y todo tipo de publicaciones, no están necesariamente en las listas de novedades de las editoriales; ni en las grandes revistas que provienen de la era de los dinosaurios. Las mejores voces vivas están por aquí y por allá, esparcidas en pequeños rincones, soslayando el ruido de la muchedumbre hambrienta de una candente receta para la depresión social. El mundo está en llamas, y la gente cuerda con algo de talento para juntar unas cuantas letras está refugiándose del fuego.

Envidio mucho a nuestro compañero Lucas. Tiene una excelente capacidad para transferir toda la complejidad de su conocimiento a través de una expresividad intelectual atrayente. Quién tuviera su inteligencia y su ensalzador espíritu, porque así es como resulta su persona, ensalzadora de todo lo intelectual que le pueda rodear. Es un profesor innato, la madre naturaleza confía en él para salvaguardar tantísimos conocimientos literarios, que me muero de envidia, os lo aseguro.

Aunque hablando de escritores, está Nahika. Su endiablada capacidad para manejar la escritura me hace dudar de cualquier capacidad que yo pueda tener. ¿Habéis visto no ya su creatividad, sino cómo la utiliza? Su forma de escribir es tan capaz, tan poseedora de habilidad, que si escribir fuera esculpir, ella podría hacer el David de Miguel Ángel con un burruño de plastilina.

Y no os imagináis cuánto trabajo hay detrás de Espada y Pluma. Desde fuera apenas debe poder verse la superficie, y desde dentro está Alejandro, cual Poseidón personificado, sujetando el resto del gigantesco iceberg sumergido. Es algo que siempre se destaca de él, aunque nunca lo suficiente. Trabaja como diez personas juntas, pero no únicamente eso. Hay mucha gente trabajadora en este mundo, lo que no abunda es que además sean tan amables como él. Su búsqueda de la perfección se compagina incomprensiblemente con una bondad que envuelve todo lo que hace. La especie humana debe sobrevivir mientras haya especímenes como él.

De que todas las especies deberían tener su lugar para evolucionar de forma natural, bien sabe algo nuestro director. Jorge es el jefe perfecto. Me va a querer matar por llamarle jefe. Es el paradigma de director. No sé si es su capacidad para entender la naturaleza mejor que la mayoría, pero humaniza a quienes estamos alrededor. Nos conecta y al mismo tiempo nos da alas. Todo esto, si estáis un poco atentos, podéis apreciarlo en su forma de escribir.

Aquel primer texto del que os he hablado, fue rechazado como carta de presentación en otra revista independiente del panorama nacional. No pude tener mejor suerte. Fue un desvío como quien toma una calle equivocada pero esto le hace encontrar una ruta menos señalizada que lleva justo al lugar idóneo.

En consecuencia, llegamos al pasado año 2021, donde he podido iniciar una novela que más bien es un proyecto literario, que irá viendo la luz y expandiéndose en Espada y Pluma a lo largo de los años. ‘Dae Vaste’ es un marco donde desarrollar una serie de historias que están ligadas de alguna manera, que algún día espero entendáis.

Me he sentido durante este pasado año como Gregor Samsa, transformado e incomprendido, si es que acaso puedo comprenderme yo. Aunque creo que a menudo todos nos sentimos e forma similar, sumidos en el dilema interno del deber de la normalidad diaria y la tarea de comprender las alienaciones que nos provoca una sociedad insensible.

Así, como os decía, nos hemos acercado aquí un momento para hablar de las cosas del año pasado. Y eso hemos hecho, teniendo en cuenta que cosa —una de mis palabras preferidas— proviene del latín causa. Moviéndome así a haberos resumido el por qué estos ya pasados doce meses han sido unos buenos meses, a pesar de su extrañeza. Tampoco os he contado mucho, porque hay que separar lo divulgativo de lo privado. Y para mí, dicho sea de paso, en lo privado reside la verdadera vida. ¡Leed y vivid!


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