Pincha aquí para leer la primera parte.

Por último, me gustaría presentar, por separado, una de las cosas más bonitas que se puedan escuchar, Reflejo de luna. Normalmente, se piensa que la guitarra es un sonido que simplemente puede ofrecer una melodía, un rasgueo o una mezcla de ambas. Sin embargo, en los niveles más elevados de la música, la melodía no sirve simplemente para sustituir a una voz, ni el rasgueo sirve para indicar si debemos estar tristes o contentos. Esta obra es el perfecto ejemplo de esta premisa, la música como evocación absoluta del alma.

Cuando la luna sale, la noche remansa tranquila y libre de nubes. Por lo tanto, la melodía comienza no solamente dando la sensación de paz nocturna, sino además de una delicadeza que el sol y el día no tienen, una energía mística y mágica. Si os fijáis aquí, la noche es abierta (el acorde que abre la obra es abierto, no usa cejillas, sino cuerdas al aire), y la inmensidad de la noche se centra en una gota que cae y se desvanece en el silencio:

La melodía es como un espíritu de naturaleza que puede fijarse en las cosas y se fija no en la gota, sino en aquello brillante que tintinea en el cielo, las estrellas de un firmamento despejado. Fijaos que aquí, aunque sea una melodía, no es tan agresiva como los aires choqueros, donde cada nota se callaba al acabar. Aquí, en la primera parte, las notas languidecen y se estiran, y bostezan mientras expresan la calma titilante de las estrellas que guardan el mar.

En la segunda parte, el espíritu se fija en ese mar que aguarda y si escucháis, os daréis cuenta de que los rasgueos no son tan potentes como los que se suelen escuchar en el flamenco, sino que es un rasgueo nocturno, como una especie de brisa relajante que avisa la llegada de un evento mágico de la noche: el reflejo de la luna.

La música, como si fuese un hada, se para a contemplar esa magia que une al agua y a la luna, como una marea que vibra, es el reflejo de la luna. Uno de los mayores guitarristas clásicos de la Historia llamado Francisco Tárrega escribió una obra llamada Recuerdos de la Alhambra. Para describir con la música el cómo se sentía escuchando el ronroneo del agua de las fuentes del jardín, se le ocurrió crear un movimiento de temblor, un arpegio que lograra transmitir la calma del agua cayendo en las fuentes de la Alhambra; a ese arpegio se le llamó trémolo.

La música va poco a poco asombrándose por el reflejo de la luna en el mar, cómo pequeños cristales blancos que bailan en el agua que se mece. Y de golpe, el trémolo, la sensación musical de ver el reflejo de la luna. Paco no necesita palabras para expresarte cómo es ese reflejo, pues de su guitarra sale la sensación de cómo la propia música siente la magia de la luna en el agua.

Como si se tratara del romanticismo más puro, la felicidad dura un único instante y el hada vuelve en sí de su encantamiento. Paco lo hace disolviendo el trémolo, dejando que poco a poco se vuelvan a fundir magia y realidad, reflejo y naturaleza. Cuando nosotros vemos algo que nos asombra y dura muy poco nos quedamos con la sensación que nos ha producido esa experiencia. Ver los fuegos artificiales, vencer a un jefe final de un videojuego, … Esa sensación de energía condensada en la mirada que se mantiene un poco más en nosotros cuando la magia ya ha desaparecido. Así expresa de forma magistral esa sensación Paco de Lucía.

Ahora ya no es una melodía de una línea, no es algo contemplando en solemnidad la noche despejada, ahora la melodía está llena porque ha presenciado un momento hermoso, ha presenciado el instante del reflejo. Ahora ya no es una melodía como el tintineo de las estrellas, sino que es una melodía compartida por varias otras melodías que se sienten igual, en equilibrio estético con la naturaleza.

La melodía no se lo cree, está confusa ante tanta belleza, y Paco lo representa llevando la melodía de un lado para otro, como si estuviese nerviosa por haber visto que efectivamente hay regalos debajo del árbol, pero aún es muy temprano para despertar a los demás. Ensimismada en sus pensamientos intensos, que son la parte más sonora de la obra, vuelve a trasladarle a la realidad una gota de agua cayendo, como al inicio del encantamiento.

El encantamiento de la gota de agua devuelve a la melodía a su inicio, pero con la certeza de que todo eso que ha vivido esta noche no ha sido solamente un sueño, sino una realidad. La música es alegre y mágica, la música se siente como las estrellas, tintineante y llena de felicidad, de paz y energía. Y poco a poco, como si se tratara del final de un cuento leído por mamá, la música se va apagando poco a poco hasta quedarse dormida.


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