Hemos explorado el mundo de The Legend of Zelda en todas sus formas y épocas. Siempre ha irradiado una belleza particular, como si de un niño descubriendo un lugar de fantasía al lado de su casa se tratase. Afortunadamente, cuando las personas nos hacemos mayores, todavía podemos seguir soñando con las más cándidas ilusiones como principales enseres en nuestra misión. Por una vez, la pregunta que se nos hace no es la de qué hay en nuestra más impresionable inocencia, sino qué quieren nuestros ojos ya cansados ver. Contemplamos un mundo que ya conocíamos, salvo que esta vez está roto. Se presenta en su vertiente indeseable, pendiendo de un hilo que no nos apresura, sino que nos da el tiempo que deseemos para que podamos juzgarnos inconscientemente. Cada cima es un anhelo y cada criatura es un recuerdo de que no formamos parte de ningún juicio, solamente de la condena. Así, el trayecto nos lleva a que Breath of the Wild sea un cuento viejo y triste.

Se dice que la sabiduría a menudo nos lleva a guardar silencio, a callarnos y escuchar. En la atención calmada está la verdadera comprensión, podríamos decir. No en la memoria como almacén de argumentos, ni en la superioridad intelectual. Cerrar la boca es complicado, bien por miedo a aparentar que tenemos poco que decir, o bien porque realmente creemos que hablando más diremos más.

Recuerdo, sin demasiado detalle, que Emil Cioran decía algo de que comprender nos lleva a la desgracia. Fuera como fuese, lo cierto es que pensar demasiado suele torcer las cosas. Hay quien cree que ha sido dotado de una inteligencia superior y eso le lleva a conclusiones trágicas que no están al alcance de cualquiera. Ni hay magnificencia ni hay exclusividad al respecto. Todo el mundo sufre cuando tiene tiempo para darse cuenta de lo estúpido que es. Y es que al final nada de esto, lo de vivir, sentir o crear, va de ser inteligentes. Basta con reír o llorar.

No puedo dejar de recordar a Wall-E; en efecto, aquella película donde un pequeño robot roba nuestro corazón durante media hora. Es suficientemente cautivador como para perdonarle el resto del metraje; pero es en su silencio, en su mudez, donde más dice. Todo ser vivo tiene algo que decir, si entendemos la vida como un todo. Para nuestra desgracia, y en nuestra escasa capacidad de entendimiento, la vida es un todo triste. Hay felicidad, por supuesto, pero hay que inventarla o representarla, como si de un teatro de marionetas rotas se tratase.

La única verdad que perdura es el fin de las cosas, la futura nada, y con ello la incapacidad de relacionar el cierre del telón con un sentimiento más esperanzador que el de la nostalgia. Mirar hacia atrás, mientras aún estemos, y ver, en ese proyector integrado en nuestra memoria, cómo nuestra niñez juega con unas cuantas ruinas que se ha ido encontrando en el camino de vuelta. Ha pasado el tiempo, y la imaginación es lo que permite ensamblar pedazos aquí y allá para poder engañarnos otro tantos más. Seguir jugando a que no todo termina, entre recreo y recreo.

Los paseos son el tedio de la locura; que mientras ésta necesita de estímulos apaciguadores, la cordura se entretiene escuchando los pasos. En estos itinerarios de héroe vacío, no importa que unas notas de piano nos acompañen. Quiero decir, no molestan; por supuesto que importan. Robert Louis Stevenson decía en uno de sus ensayos sobre viajes que lo suyo era pasear en solitario. Que la distracción propia del hecho de estar caminando sea lo único que seduzca nuestra atención. Supongo que a él tampoco le importaría que le acompañaran unas tímidas notas de piano, siempre en armonía con el roce de las suelas.

Es en la soledad, entre llantos mudos o risas extenuantes, donde surgen las arrugas. Incluso un héroe que no media palabra, apenas cambia su rostro y su misión parece recurrente, puede notar el paso del tiempo. En el proceso, recordando poco a poco lo que nos ha llevado a ser lo que somos.


¡Espada y Pluma te necesita! Apóyanos en Patreon o Ko-Fi.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es patreon.jpg

SOBRE EL AUTOR

Deja un comentario