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PARTE II

Hubo un periodo de tiempo en el que la figura de Mickey Mouse se fue idealizando cada vez más como protagonista con rasgos más caballerescos y propios de un líder (lo que disminuyó su presencia en las caricaturas por la dificultad que suponía para los autores el elaborar gags que encajasen dentro de su nueva personalidad)1. Con Superman ocurrió un proceso similar, no tanto porque sus apariciones se viesen reducidas sino porque su imagen y visión idealista suponían un problema para algunos autores a la hora de desarrollar conflictos y enfrentar a un héroe puro y perfecto con representaciones cada vez más grises —reales— del mundo que habitaba, lo que provocó que se explorasen versiones del héroe que se movían en una moralidad ambigua o que incluso lo convertían directamente en un villano. Superman se volvió imperfecto. No ha sido ni mucho menos la única vez que el cómic en su traslación a otros medios y tiempos más actuales ha transformado su producto: a principios de los dosmiles los mutantes de Marvel sustituyeron sus icónicos uniformes por trajes de cuero negro en X-Men (Bryan Singer- 2000) porque supuestamente los coloridos trajes de superhéroes resultarían demasiado extranbóticos para la inmersión del público en una historia con entornos realistas.

El cambio con el hombre de acero fue no sólo estético sino narrativo. Las producciones más mainstream han tendido en los últimos años a desechar la figura del Superman blanco, pulcro y de ética intachable en favor de un tal vez malentendido “realismo”, considerando estas versiones perversas como más interesantes y actuales. Y es comprensible por lo atractivo de la idea: todo el poder de un Dios y cero responsabilidades. Tan atractiva que estas réplicas de Supermanes oscuros se han plasmado en medios ajenos al cómic y a Superman —e incluso a DC y el género de los superhéroes— utilizando el concepto en otras historias.  

Estas historias incluyen un elemento disruptor que se agrega o elimina provocando que se altere esa idea de Superman (la figura del héroe siempre correcto, bueno, justo y amable). Así, se encuentran versiones del héroe dentro de sus propias historias como la de Superman: Red Son (Mark Millar y Dave Johnson – 2003) o la de Injustice: Gods Among Us (Tom Taylor – 2013). En la primera, la nave que salió de Krypton aterriza en la Unión Soviética y Superman crece en Ucrania de manera similar a como lo hizo en la cronología canónica: como un héroe justo y bondadoso, pero además fiel a los ideales comunistas. Pese a su cercanía al círculo de Stalin y ser visto como un nuevo tipo de arma durante la Guerra Fría, él simplemente se dedica a proteger y ayudar a la gente en la URSS —y en el resto del mundo—. Es la inclusión de la política en la figura de Superman —y/o la inclusión de Superman en política— lo que destruye la idea de Superman. Las buenas intenciones del héroe al asumir el papel de líder de la Unión Soviética tras la muerte de Stalin para intentar solucionar la situación de pobreza y hambruna del país se diluyen poco a poco haciéndole perder el foco conforme más entra en política convirtiéndose en una suerte de Gran Hermano. La Unión Soviética liderada por Superman abarca cada vez más territorios en los que el crimen, el paro y el hambre han desaparecido, pero también la libertad, aplicando cirugía cerebral a los disidentes para volverlos dóciles. Si el ejemplo de Superman: Red Son es Superman destruido por la política, en el caso de Injustice: Gods Among Us es presentado un Superman destruido por la pérdida.

En esta historia situada en un universo alternativo el Joker detona una bomba atómica acabando con Metrópolis y la vida de los millones de habitantes de la ciudad. En su ataque, el Joker afecta a Superman con el gas del miedo del Espantapájaros, provocándole alucinaciones en las que ve a su esposa Lois como el monstruo Doomsday. Superman, creyendo aún que se enfrentaba a Doomsday, agarra a su esposa —la cual había descubierto hace poco junto a su marido que estaba embarazada— y la lleva al espacio donde Lois muere. Al descubrir que, engañado por el Joker, acaba de asesinar a la madre de su futuro hijo, Superman enloquece por el dolor, la culpa y la pérdida, y atraviesa el pecho del Joker con su puño matándolo.

A raíz de este momento se suceden una serie de momentos que desembocan en que Superman se alce como dictador de un nuevo mundo y líder del Régimen donde algunos héroes y villanos se han unido para gobernar la Tierra y combatiendo e incluso asesinando a aquellos héroes que se oponen o desafían al kriptoniano.

El mundo del cómic ha replicado estas narrativas en las que se pervierte la idea de lo que Superman significaba aun sin la figura del héroe de DC Comics. The Boys (Garth Ennis y Darick Robertson – 2006) mostraba a Homelander, una versión de Superman destruido por el capitalismo. Homelander es en apariencia lo mismo que aquellas representaciones perfectas de Superman: humilde, amable, educado, sincero… Es llamado “el último Boy Scout” —referencia también a un apelativo típico hacia Superman en los cómics— y encarna la figura del perfecto estadounidense varón, blanco y católico. Esta visión tan perfecta es fruto del marketing, Homelander es un producto de consumo. En el universo de The Boys los superhéroes se han convertido en marcas de las grandes corporaciones y El Patriota (Homelander) es la más grande y rentable de todas esas marcas. Y ahí está el problema: tratar a seres humanos como objetos de consumo normalmente no sale bien, y arrojar a un niño con superpoderes a las fauces del capitalismo para que lo críen estudios de mercado y directores de marketing en lugar de darle amor acaba formando un adulto con mucho más ego y egoísmo que empatía, pervirtiendo la figura de un posible Superman en un monstruo al servicio del mercado y el dinero.

Superman es un extraterrestre que llega a la Tierra y acaba siendo más humano que los humanos —entendiendo “humano” en su acepción de benévolo o compasivo—, en Watchmen (Alan Moore y Dave Gibbons – 1986) encontramos la idea contraria en el personaje del Dr. Manhattan, un humano que acaba completamente al margen de la humanidad. Quizás como revisión del mito de Superman es menos obvia en tanto que su aspecto es menos humano y prescinde de toda la parafernalia que tiene que ver con la capa, el traje de superhéroe, etc… pero la idea tras él es aún más acentuada que con Superman: el poder de un Dios, aquí literal pues Manhattan es capaz de manipular la materia a niveles subatómicos, es clarividente y su existencia está más allá del tiempo y el espacio. Su condición de Dios provoca que este “Superman” se despegue cada vez más de los problemas humanos, de los humanos en sí y de su propia condición de humano. El Doctor Manhattan entonces es Superman sin su humanidad o Superman destruido por la falta de humanidad.

Estas obras en su posterior adaptación a cine y televisión mantuvieron a los personajes mencionados que hacían referencia a Superman y la idea tras ellos —sean más o menos fieles a la historia original, tanto en Watchmen como en The Boys, el Dr. Manhattan y Homelander siguen la misma trayectoria en audiovisual que en los cómics abandonando la idea de Superman—. Sin embargo, existen otras piezas que en sus orígenes no recogían esta figura pero que en su revisión para medios audiovisuales la incluyeron mediante la incorporación de nuevos personajes. Tal es el caso de Superian, una parodia de Superman aparecida en The Tick (Ben Edlund – 2017), una serie de imagen real basada en los cómics de The Tick del mismo autor. Este héroe es una caricatura de Superman que posee orígenes similares —llega a la Tierra en un objeto desde el espacio—, comparte muchos poderes con el hombre de acero —vuelo, supervisión, superfuerza, aliento congelante, visión de calor, super oído…— y una debilidad parecida —la exposición al gran bismuto lo envenena—; pero al contrario que Clark Kent (Superman), Superian no fue un niño criado por dos buenas personas, simplemente llegó a la Tierra. Esto no implica directamente que sea malo (no lo es de hecho, desde su llegada a nuestro mundo se desempeña como héroe) pero no parece haber recibido una educación afectiva con la que aprender a lidiar con sus sentimientos lo que provoca que, conforme la opinión pública se va volviendo contra él, se muestre emocionalmente inestable.

La parodia audiovisual que constituye Superian es Superman destruido por la vanidad. Necesita del favor del público y cuando lo pierde lucha por recuperarlo. Desesperado por el odio que recibe en redes sociales, sus actos se vuelven cada vez más controvertidos porque en su orgullo es incapaz de concebir el no ser amado por la gente a la que tantas veces ha salvado, lo que lo conduce a comportamientos estrambóticos como tallar su rostro en una montaña, abandonando en lo alto de una montaña en Guatemala al periodista que ha orquestado la campaña de publicidad en su contra, o tratando a Arthur —el protagonista de la serie— como su terapeuta.

Esta revisión del mito de Superman en el audiovisual ha encontrado versiones menos amables que la de The Tick, como la de Brightburn (David Yarovesky – 2019) cuya premisa es “¿Qué pasaría si un niño de otro mundo aterrizara de emergencia en la Tierra, pero en lugar de convertirse en un héroe para la humanidad fuera algo mucho más siniestro?”, revisitando así la historia de origen de Clark Kent en Brandon Breyer, un niño criado igualmente bajo el amor de sus padres pero malvado pese a todo, presentando la figura de Superman destruida por el mal.

Pero por interesantes que puedan sonar a priori estas versiones —y muchas de ellas lo son—, convertir a Superman en un villano o alguien con una moralidad ambigua en lugar de “el hombre del mañana” parece una línea más simple o cobarde que no entiende verdaderamente lo que significa ser Superman y quizás por eso no lo encuentran del todo atractivo.

Entender a Superman es que él nos entienda a nosotros. Y que esto a su vez nos ayude a entender al resto. Superman siempre tratará de hacer lo correcto, pero a veces saber qué es lo correcto no es tan sencillo como detener al tipo que sostiene la pistola apuntando a la gente inocente dentro del banco. A veces lo correcto ni siquiera es detener al tipo de la pistola y olvidarse, sino preguntarse por qué lo ha hecho.

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“Siempre sabemos lo que Superman va a hacer. Porque él siempre hará lo que es correcto” 2. Esta idea es la que muchos autores han encontrado poco inspiradora a la hora de trabajar con la figura de Superman —de ahí esas vueltas, y esas versiones—. El razonamiento es obvio, si siempre sabemos lo que Superman va a hacer, no hay margen para la sorpresa, pero la realidad es que no siempre sabemos lo que Superman va a hacer porque, aunque siempre hará lo que es correcto, situarlo frente al mundo real y problemas reales implica no saber siempre qué es lo correcto, es enfrentarlo (enfrentarnos) a un mundo que no es blanco o negro, sino que tiene muchos grises. He ahí lo interesante del Superman actual: usar su figura e historias para cuestionarnos a nosotros mismos frente a dichas situaciones. Reflexionar sobre distintos puntos de vista que quizás a priori se tenían muy claros y cuya respuesta se va difuminando cada vez más conforme más sabemos de los demás. 

Superman es una figura de inspiración pero también de identificación. Es un símbolo de esperanza y a la vez él siempre tendrá esperanza en el ser humano, siempre esperará que nosotros, al igual que él, intentemos hacerlo mejor y hagamos lo correcto.

En Kill Bill: Volume 2 (Quentin Tarantino – 2004) el personaje de Bill (David Carradine) da un discurso a Beatrix Kiddo (Uma Thurman) sobre Superman:

«Batman no es otro que Bruce Wayne, Spider-Man se llama Peter Parker. Cuando el personaje se despierta por las mañanas solo es Peter Parker. Tiene que ponerse un traje para convertirse en Spider-Man. Y esa es la característica que hace de Superman algo único. Superman no se convirtió en Superman sino que nació como Superman. Cuando se despierta cada mañana, es Superman. Su alter ego es Clark Kent. Y su traje, el que lleva esa enorme S, es la prenda en la que estaba envuelto cuando lo encontraron los Kent siendo un bebé, esa es su ropa. Y lo demás, las gafas, el traje azul, es su disfraz. Es un disfraz que Superman se pone para ser uno más de nosotros. Clark Kent es su visión de nosotros. ¿Y cuáles son las características de Clark Kent? Es débil, no confía en sí mismo, es un cobarde. Clark Kent, Superman, critica así a toda la raza humana».

Bill
Kill Bill: Volume 2 (Quentin tarantino – 2004)

Bill ve debilidad en Clark Kent porque Bill no entiende realmente lo que significa Superman, no entiende esa “S” en su pecho ni que la verdadera identidad de Superman es Clark Kent y no al revés. Lo que hace a Superman ser quién es no es poder volar, tener superfuerza o lanzar rayos de calor por los ojos, lo que hace a Superman ser Superman son sus ideas y valores, aquello que defiende, lo que inspira y quienes le inspiran gracias a cómo fue criado por Jonathan y Martha Kent. En definitiva, lo que hace a Superman ser Superman es ser, antes que nada, un Kent.

Frente a las visiones ambiguas que intentan encajarlo en un mundo realista, el verdadero valor de Superman está en cómo encajar su moral y el intentar hacer siempre lo correcto dentro de un mundo donde no todo es negro o blanco. Ser Esperanza.

“It’s not an S. On my world it means hope”.

Superman
Man of Steel (Zack Snyder – 2013)

“The symbol of the House of El means hope. Embodied within that hope is the fundamental belief the potential of every person to be a force for good”.

Jor-El
Man of Steel (Zack Snyder – 2013)

El cómic ya ha demostrado en multitud de ocasiones lo que en realidad significa ser Superman y comprender mejor que nadie al personaje que nació primero de sus páginas. Desde tomarse un día para acompañar a un grupo de niños enfermos de cáncer a la Atalaya de la Liga de la Justicia, jugar con ellos y llevarlos a la superficie de la luna donde los pequeños graban sus nombres en Superman Vol.4 #39 Goodnight Moon (Peter Tomasi, Patrick Gleason y Barry Kitson – 2018), hasta aparecer antes de que una suicida salte desde lo alto de un edificio para consolarla con un abrazo en Superman All-Star Vol.1 #10 Neverending (Grant Morrison y Frank Quitely – 2008), pasando por proponer en la ONU dedicarse por un día a recorrer el planeta de una punta a otra visitando a todas las personas en situación de exclusión para llevarles provisiones, mientras reflexiona sobre su lugar en el mundo en Superman: Peace on Earth (Paul Dini y Alex Ross – 1999). En estos guiones se hace un retrato que tiene mucho más que ver con Superman que cualquier historia que trate sobre grandes batallas y gestas épicas, transmitiendo lo que significa ser y lo que es Superman: ese símbolo, un icono o idea sencilla que siempre ha significado optimismo, luz, bondad: Esperanza como la que él tiene en nosotros para que seamos la mejor versión de nosotros mismos y esperanza como la que nosotros tenemos ante su visión, porque significa que todo va a estar bien. 


Referencias

1 Alejandro Martínez. “Los orígenes de Goofy y el racismo en la primera Disney”. espadaypluma.com. 18 Feb, 2019.
2 Kaptainkristian. “Superman – The Golden Age of Animation“. 27 Mar 2016.


Bibliografía

Umberto Eco. “Apocalípticos e integrados”. Tusquets Editores. 1995.
Rebeccal Solnit. “Esperanza en la oscuridad: La historia jamás contada del poder de la gente”. Capitán Swing. 2017.
Raquel Quílez. “De defensores del Establishment a héroes de la ambigüedad”. elmundo.es. 2013.
Diego Cuevas. “El dilema de Superman”. Jotdown.es. 2019.


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