– Parece que papá llegó a casa.

-Bienvenido, querido.

-Gracias.

-Llegó temprano hoy.

Con este diálogo se introduce el primer encuentro del padre con la familia Yagami en toda la serie, pasados varios capítulos ya, desde su inicio. Los personajes se desarrollan antes de contarnos cuales es el lazo que los une. Tanto Soichiro como Light viven sus días ensimismados en sus obligaciones y deberes, relegando a un segundo plano el ámbito hogareño. La relación particular entre ellos es de respeto y lejanía, el primero es un padre prototípico, está todo el día afuera, se ocupa únicamente de trabajar y no tiene ningún tipo de injerencia en las actividades de la vivienda. Se rige según su moral y mantiene económicamente a la familia. El segundo es un estudiante modelo, que dedica las veinticuatro horas del día a su formación, al cual lo único que parece importarle es su carrera, no tiene amigos, ni desperdicia un segundo de su valioso el tiempo y, en cuanto a lo que nos muestran tampoco cumple siquiera sus necesidades básicas.

Los hombres de la casa se vinculan a través del deber moral y ético. No tienen tiempo para nimiedades; lejanos, serios, estructuran su vida alrededor de las obligaciones, y la familia es una exigencia más, aunque la de menor importancia. Este hecho no se ve únicamente en la sangre de los Yagami. La mayoría de los personajes a lo largo de los 37 capítulos son de sexo masculino y sus maneras de vincular son similares. Inevitablemente nace la pregunta ¿Qué representaciones de masculinidad se promueven desde la serie? ¿Qué lugares ocupan dentro de la sociedad? ¿Qué tipos de vínculos construyen estas representaciones?

Vemos desde padres que  no dedican tiempo alguno a su familia, pasando por personas que ponen a prueba a otras ocultando información a la hora de tomar una decisión privándoles de la libertad de elección, personajes que presionan a seres queridos  para cometer actos a los que no están dispuestos.

Esta manera de relacionarse se multiplica a medida que avanzamos en la serie. A través de los capítulos hay una condición que emparenta y naturaliza el modo de construir lazos, podemos verlo en las familias, en amistades, en las conexiones sexo-afectivas y hasta en las laborales. Los vínculos que vemos en Death Note se rigen por la manipulación. Pero, ¿qué significa manipular?

Manipular es manejar algo con las manos, en el sentido más literal; es intervenir en el campo que sea, al servicio de intereses particulares. Ahora bien, en las relaciones personales se transforma en un acto violento porque, para manipular a otra persona, necesitamos reducirla a la condición de objeto. A los objetos puedo utilizarlos, desecharlos, moverlos de un sitio a otro. Puedo poseerlos y ejercer dominio sobre ellos; no poseen voz propia, ni la capacidad de resistirse y esta reducción se palpa en todos los lazos de la serie. El protagonista (aunque no solo él/ya veremos que no solo él) se sienta un escalón por encima de los demás, no los considera como iguales, no los trata como personas, con iniciativa y personalidad propia; los reduce al nivel de objetos según lo que necesite en cada momento, los manipula a gusto y piacere. Viajemos por los diferentes vínculos para observar cuales son sus objetivos y cómo lo realiza.

Relación Light – Soichiro

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El primer encuentro en la pantalla se realiza en un plano estructurado verticalmente. El padre se encuentra en primer plano, agachado, levemente inclinado hacia delante, con gesto de dolor, como si un enorme peso cayera sobre sus hombros; con los ojos cerrados y atrapado en la oscuridad. Detrás de él, unos metros por encima se encuentra Light. Lo observa con una expresión socarrona, una chispa en los ojos y de fondo un sitio completamente iluminado. El orden de esta imagen narra las pautas generales del vínculo. Podemos observar jerarquías, actitudes y estados de ánimo con solo observarla. Soichiro se posiciona por delante, como la cara visible de la familia y de la N.P.A. Sufre al no poder ver el camino a seguir, su expresión corporal nos habla de un personaje rendido. En cambio, Light se muestra erguido, disfrutando el momento de gloria, observa desde un sitio secundario y fuera de los focos se mueve con total libertad. desde un plano superior.

Prácticamente no se miran a los ojos en ningún capitulo, ya sea porque charlen de espaldas o desvíen la mirada en el momento. En la cena, el único momento en familia, el diálogo transcurre a través del deber ser, el estudio y las obligaciones. Siempre observan la comida, cada uno de los integrantes se desenvuelve como un ente ajeno al otro, nunca levantan la vista. Los diálogos hijo-padre se mueven por interés, no hay una palabra que surja sin que un motivo la impulse. Cada frase de Light está premeditada, aunque se refiera a su aspecto; no existe en ningún momento un verdadero reconocimiento del otro como persona, no respeta su puesto en la policía, ni le interesa escuchar los intereses o razones que lo llevaron a esa situación. Aprovecha la posición del padre para estar al tanto y procurar no cometer errores, no hay discusiones sobre temas del día a día, ni sentimientos. Cualquier tema que insinúa acercarse a emociones, siempre se enreda en valores éticos y morales. La relación se construye en torno a la investigación, los momentos compartidos nunca se alejan del desarrollo del caso y de la trama.

Light nos cuenta, justo antes de mostrarnos quién es y qué rol ocupa su padre en la serie, que confía en la ventaja que posee ante la investigación realizada por la policía de Japón. Desde ese momento empezamos comprender los hilos que enhebran la relación entre ellos.  La relación padre-hijo es una relación donde se valora al otro por su valor de servicio, se rige por el utilitarismo y el cumplimiento del deber. Mientras Soichiro realiza su labor a la perfección como jefe de la N.P.A., se desentiende de la crianza de Sayu y de Light; él, sobretodo, cumple su parte del contrato, por ser el hijo varón, al responder con el mismo grado de profesionalidad y compromiso en sus deberes estudiantiles. No pasan tiempo juntos, ni siquiera tienen un diálogo fuera de este pacto.

Light reduce a su padre al nivel de una cosa con la que puede jugar. Reducir a una persona a objeto es una práctica manipuladora sádica. Ser sádico no significa ser cruel sino, debilitar a una persona o un grupo para ejercer dominio sobre ellos. Esto puede llevarse a cabo, desde la violencia o la ternura aparente.

 

Relación Ryuk – Light

El vínculo con Ryukdeath-note-wallpaper-hd-1.jpg también esta teñido de manipulación, aunque el shinigami no toma partido nunca, algo que deja en claro desde el inicio, ambos construyen desde el egoísmo y priorizan el objetivo propio. La manipulación aquí, aunque es ínfima, se diferencia de la anterior ya que, se produce en ambos sentidos. Light logra manipular a Ryuk, al aprovechar una situación externa que los perjudica a ambos, teniendo en claro que no va actuar en tanto no lo afecte. A la vez, aunque sin condiciones ni reglas, por fuera de las intrínsecas del propio cuaderno, él, forma parte del juego que propone el Shinigami al dejar caer la libreta al mundo.

No podemos hablar en términos de amistad, pero la característica que define esta relación es la gran cantidad de tiempo que pasan juntos. Mientras Light esté en posesión de una Death Note, ambos, son personajes inseparables, esto hace que compartan muchas y diversas situaciones. Una de las primeras veces, sino la primera en la serie, donde Light nos abre a sus emociones es, a través de una charla con Ryuk. Le dice que, lejos de lo que se piensa, no recuerda haber sentido nunca tanta felicidad como la que experimenta desde que uso el cuaderno.

La mayoría son diálogos que por la forma se confunden con monólogos, en general el protagonista se habla a sí mismo y el lazo que genera el cuaderno propicia que el dios de la muerte este siempre de fondo, escuchando, en ocasiones decide responder, otras veces no. Ante esa declaración la respuesta manifiesta indiferencia pero, refuerza la clave de la relación. Ryuk le responde: “francamente no me importa si te hace feliz o no tener el libro, estas tonterías sentimentales son cosas de humanos pero, es usual que a los humanos que entran en contacto, les espere el infortunio”.

Se mueve según su deseo, no podemos hablar de un objetivo estricto pero, sus acciones nunca están subordinados al deber, sino más bien, al aburrimiento. Deja caer el cuaderno al azar, buscando escapar de sus obligaciones como dios de la muerte, de un mundo devastado y del vacío existencial que le produce no entender cuál es su motivo para vivir.

“Simplemente cayó cerca de aquí, y tú simplemente lo encontraste.”

Con esta frase presenta sus cartas al final del primer capítulo y podemos entender el modo de actuar de Ryuk y lo importancia que le otorga a Light. Usa al mundo humano como un laboratorio, a los habitantes como conejillos de Indias.

La manipulación en este vínculo se produce a cuenta gotas, ambos tienen en claro el total individualismo del otro y no significan un obstáculo, ni una fuente de información valiosa. Sus objetivos no entran en conflicto, más bien, discurren paralelamente. Aunque se conocen cada vez más y, conversan con frecuencia, en esta relación no podemos hablar de violencia ni de ternura.

Relación Kira – L – Light

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Aunque se trata de dos personas, en términos físicos, los diversos estadios que se presentan, durante la serie, nos obligan a hablar de una conexión con tres vértices.

El comienzo se remite a los primeros asesinatos producidos con la Death Note, aun sin conocerse cara a cara, empiezan a dialogar. Light convierte el asesinato de criminales en un medio de expresión, una vez elimina a los criminales más peligrosos del mundo decide que la manera de matarlos va ser para todos la misma; de un ataque al corazón. Puede elegir el motivo de la muerte, puede espaciar los homicidios y también confundir a quien sea que se haga eco de estos acontecimientos, pero no.  El quiere que el mundo se de cuenta de su existencia, quiere que se sepa que hay alguien detrás y no una mera coincidencia.

“L” aparece en escena a causa de estas acciones, en este punto empieza el diálogo y la manipulación. Detecta las ambiciones implícitas en los asesinatos y decide utilizarlas a su favor; los medios de comunicación son la clave. Fuerza al criminal desconocido, en ese entonces, a actuar exponiendo un discurso en televisión; el contenido de este genera una reacción y Kira expone su ubicación. “L” lo maneja, pone el cebo, arma la trampa, espera y alcanza su objetivo, conocer la región donde habita pero, esto recién comienza.

La manipulación se presenta en términos lingüísticos. Sin embargo, el lenguaje además de ser el medio para comunicarnos, funciona como herramienta para unificar. Con frecuencia hablamos porque sí, con el único motivo de fortalecer un lazo. De esto se aprovecha Kira para incrementar y reforzar la masa de adeptos que creen en sus actos como verdaderas manifestaciones de justicia. Cada víctima es un acto de justicia divina y, es este concepto, dentro de la serie, lo que se denomina como término talismán. Los términos talismán son palabras cargadas de prestigio que nadie osa cuestionar. Condensan cuestiones esenciales de la condición humana. Tienen el poder de elevar palabras próximas y desprestigiar las que se le oponen.

La respuesta no se hace esperar. Light ingresa a los archivos policiales, aprovechándose de su padre, para conocer los carriles por los avanza la investigación y distraer cualquier tipo de aproximación, u orientarla según sus propósitos. Descubre que sospechan de un estudiante, por lo tanto, modifica su modus operandi, construye una coartada basada en las reglas del cuaderno. Manipula la búsqueda al conocer datos que no debería, desde ese momento se muestra como estudiante modelo, todos los días y a toda hora. Ocupa y cumple el rol familiar impuesto, sale con amigos, practica deporte, tiene citas e incluso mira pornografía. Un estudiante de 18 años común y corriente. Un humano sospechosamente perfecto (¿humano?). En pantalla vemos alternadas escenas de asesinatos y escuela que dan cuenta de la simbiosis entre Kira y Light Yagami.

Ataques y contraataques se suceden a lo largo de la serie. Ambos proceden de manera  premeditada, bajo su concepto de justicia intentando alcanzar la libertad. En un momento las condiciones de la relación se modifican quedando “L” encerrado por el par Kira-Light. La manipulación de ambas partes nunca cesa, pero se desliza una transformación del vínculo, entendiéndolo de a ratos como una amistad. Por lo general, Light Yagami se observa únicamente a sí mismo, no presta atención a las necesidades o inquietudes de aquellos con los que se vincula y los ignora pero, con “L” esta norma se trastoca.

Es al único personaje al que se detiene a prestarle atención. Su objetivo es derrotarlo y, con tal de alcanzarlo, se toma el tiempo para saber que siente o piensa. Dicho esto ¿Podríamos hablar de comunicación afectiva? Su manera de vincularse poco tiene que ver con un trato amoroso. No pone su atención en el cuerpo del otro, ni lo valora de manera que lo convierte en algo tangible y valioso. El sentido de justicia que tanto proclama queda ultrajado en tanto, su manera de vincularse con el otro no otorga importancia real nunca.

Light se desenvuelve de manera tal que, todo personaje con el que se cruza es asible, delimitable y dominable. Para él, las personas son objetos de contemplación curiosa. Los observa a todos como cosas a poseer. Podemos entender los lazos que establece como violentos, en tanto, siempre busca bajarlos de su condición de personas a objetos. El manipulador intenta modelar mente, voluntad y sentimientos de los otros para convertirlos en medios al servicio de sus fines.  Para lograrlo se basa en la proyección de una imagen atractiva. La idea de novio con Misa, el concepto de justicia o la construcción de un nuevo mundo libre. Influye en los centros de decisión, seduce, encandila, enciende el deseo y lo enceguece. Este tipo de proyección constituye una seducción, no un enamoramiento. Se busca una adhesión automática. No hay dudas sobre el mensaje de Kira, no se muestra puntos negros ni contradicciones.

El manipulador basa su eficacia en el arte de provocar reacciones espontáneas, anula cualquier atisbo de reflexión. Las relaciones que promueve no son dialógicas. No crea una relación de encuentro con aquello que lo rodea. En ningún momento se hace valer, ni valora a los demás. Los arrastra, los conduce y les impone su presencia.


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